miércoles 26 de agosto de 2009

DIOS APRIETA...Y A VECES SE LE VA LA MANO

La última encíclica papal, “Caritas in veritate” (La caridad en la verdad) está dedicada al desarrollo humano, en el contexto de la actual crisis económica mundial. En la misma, aparece una afirmación en el punto 17 que me llamó mucho la atención. Subrayé la frase, dibujé detrás de ella un asterisco que remitía al pie de página y allí escribí: “en total desacuerdo”. Aquí quiero explicar cuál es esa frase y por qué, para mí, es tan desafortunada.
Benedicto XVI cita y avala en ese punto 17 de la encíclica una afirmación de Pablo VI: “Cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso”. Esta frase es estupenda y muy optimista, por lo que es una lástima que sea falsa. Ojalá fuera verdadera, pero es a mi juicio totalmente falsa.
Recuerda a lo que dijo creo recordar que San Pablo: que Dios nos somete a tentaciones, pero que esas tentaciones nunca son superiores a las posibilidades de cada uno. Y también lo dice así la sabiduría popular: “Dios aprieta, pero no ahoga”.
Realmente, es una afirmación coherente con las creencias cristianas: si el hombre es hijo de Dios y es libre, siempre podrá tener la libertad suficiente para reponerse a sus dificultades o claudicar ante ellas. Por ello, no se le puede reprochar a Benedicto el haberla avalado. Sin embargo, pese a ser coherente con la ideología católica, es una creencia falsa.
Para mí, por experiencias directas y por experiencias indirectas (digo por experiencias personales, por haberlo vivido, experimentado, no por meramente haberlo reflexionado teóricamente) es una evidencia que en ciertas ocasiones las circunstancias que operan sobre el individuo le superan y le dejan inerme.
De hecho, es algo contradictorio que en la misma encíclica, justo al final, en el punto 79, se diga: “que todos los hombres puedan aprender a rezar al Padre y a suplicarle […] que no se nos someta excesivamente a las pruebas”. ¡Pues si se le suplica que no nos someta excesivamente a las pruebas será porque existe la posibilidad de que haga lo contrario, es decir, que nos someta excesivamente a ellas! Y si esto ocurre, que se nos someta en demasía a las pruebas, parece claro que ese individuo ya no es el “artífice principal de su éxito o de su fracaso”, especialmente cuando el individuo que lo padece no es fuerte mentalmente.
Por otra parte, la idea de que por muy grandes que sean las adversidades, cada uno tiene la última palabra para vencerlas o claudicar ante ellas, está muy extendida también fuera del pensamiento católico. Y hay que reconocer que para muchas personas es verdad: muchos son los auténticos artífices de su destino, eso es indudable. Sin embargo, con que para una sola persona esa afirmación no sea verdad, ya no se puede elevar a máxima universal, con que sólo una persona padezca tales dificultades que su libertad quede anulada, lo que dice Benedicto es falso. Ocurre como con la definición que de ser vivo aprendíamos en el colegio: los seres humanos nacen, crecen, se reproducen y mueren. Esta definición es falsa: es cierto que se cumple en la mayoría de los casos, pero si yo no me reproduzco resultaría que estaría fuera de la categoría de ser vivo.
La cuestión la viene a zanjar Schopenhauer en su obra "El arte de ser feliz", cuando explica que cada individuo tiene un grado de resiliencia (usando un término más moderno), una capacidad para encajar las dificultades y reponerse a ellas. Los católicos no estarían en desacuerdo con esto, pero afirmarían que Dios siempre va a tener cuidado en que las adversidades a las que tiene que hacer frente cada hombre van a respetar su grado de resiliencia o fortaleza mental. Sin embargo, la realidad y Schopenhauer no contemplan ese caso. Tristemente, en ocasiones los males que soporta un hombre rebasan su nivel de resiliencia, y en ese momento las circunstancias sepultan el alma humana y su libertad.
¿Qué ocurre entonces? Pues que es un misterio que Dios permita que haya seres humanos que queden sepultados bajo sus circunstancias, pero es una evidencia que así ocurre. En esos casos, hay que reconocer nuestras limitaciones, reconocer que lo que para nosotros no tiene ningún sentido, probablemente lo tendrá en el ámbito del Todo, ámbito éste que es incognoscible para nosotros. Los designios del Señor son inescrutables, y para bien o para mal vemos delante de nosotros un árbol, pero no somos capaces de reconocer la inmensidad del bosque.

martes 14 de julio de 2009

ALGO EN QUE CREER

Esta especie de “Credo” personal (con una reflexión inicial) que expongo a continuación es provisional, posiblemente sujeto a cambios en el futuro. No obstante, es válido a día de hoy:

MI CREDO
El hierro que corre por mis venas, y que es en definitiva parte de lo que yo soy, era hace millones de años parte constituyente de una estrella. ¿Dónde estará ese mismo hierro, “mi” hierro, dentro de otros tantos millones de años?
Así como la energía ni se crea ni se destruye, nuestra esencia más íntima tampoco debe hacerlo, sino que por el contrario debe transformarse a lo largo de un proceso cuya complejidad nadie conoce.
Creo que no es descabellado pensar que tengo alma.
Creo que ese alma es el reflejo en mi persona individual de un Todo mucho mayor. Ese Todo es incognoscible para nosotros, del mismo modo que una ardilla no puede ser consciente de la inmensidad del bosque del que forma parte.
Creo que ese Todo se manifiesta en mí, por ejemplo, a través de mi conciencia moral, guía de acción. Pero sin embargo, ese Todo en mí manifestado no me concierne sólo a mí, no es constitutivo de un yo enfrentado a un tú o a un vosotros.
Por el contrario, creo que “todos somos Uno”. De ahí la necesidad de salir de nuestro aislamiento mediante la compasión. Todos los seres sensibles (de forma muy especial la especie elegida, el hombre) estamos interrelacionados de una manera que no podemos comprender. Lo que yo hago, lo que digo, pienso y siento no es baladí; al contario, es muy importante y de algún modo repercute sobre el Todo.
Creo que el modo en que conduzco mi vida tiene una repercusión fenomenal sobre mi prójimo, y que por ello, tengo una responsabilidad social para con mis semejantes, para con mis hermanos. Todos tenemos una enorme responsabilidad recíproca.
Creo que esta solidaridad humana puede quebrarse, pero el trabajo que en esta vida terrenal hacemos con nuestra alma es sólo una parte del trabajo. Éste continúa en el más allá, pues la presente vida debe ser sólo una breve etapa del camino. El trabajo hecho con mi alma resuena en el infinito.
Esto es lo que creo. Ya sé que es un poco batiburrillo, pero es lo que hay.

viernes 10 de julio de 2009

LOS PATOS Y EL UNIVERSO

Esta mañana paseaba yo por el puente de Santiago de Zaragoza cuando he visto, en la orilla del Ebro, un grupo de patos que nadaba apaciblemente sobre las calmadas aguas del río (ya afirma la jota que el Ebro guarda silencio, al pasar por el Pilar).
Otras muchas veces había visto patos por las orillas, pero en esta ocasión me han llamado la atención unos patos de tamaño minúsculo que seguían a su madre. Había también en el grupo otros patos muy pequeños, recién nacidos, pero éstos no eran tan insignificantes en cuanto a tamaño como aquéllos.
He pensado que esos patos de tamaño minúsculo quizás hubieran nacido esta misma noche, y me he maravillado ante el milagro de la vida. La estampa del río meciendo a estos animales era también una oportunidad para la reflexión acerca de la belleza de la naturaleza.
Por mi parte, la reflexión ha sido que parece difícil que tanta belleza tenga un origen azaroso. He recordado entonces la frase que oí decir recientemente a un científico especializado en el Universo, en la que afirmaba que “el Universo pudo surgir, pudo originarse, espontáneamente”, sin la intervención de ninguna causa. De la nada se habría originado todo lo que actualmente existe. Pese a que todo efecto tiene una causa, si avanzáramos temporalmente hacia atrás, llegaría un punto en el que esta relación causa-efecto quebrara, y el efecto del Big Bang, la creación del Universo, no tendría causa alguna.
Pese a que entiendo las razones técnicas que explicó el científico, al ver esos patos en ese río me ha parecido imposible esa explicación tan azarosa del origen del Universo. La existencia de nuestro Universo debe tener un sentido, una explicación, aunque formemos, como los patos, una minúscula parte de un Todo que se nos presenta inescrutable.

sábado 27 de junio de 2009

LA DIGNIDAD HUMANA

Hace unos días leí una información según la cual un sacerdote había salido en defensa de la dignidad humana contemplada desde un punto de vista ontológico. Tras consultar el significado de esta palabreja, concluí que lo que este sacerdote quería decir es que la dignidad humana es algo inherente a todo ser humano, por el mero hecho de serlo. La dignidad del hombre es universal, no predicable sólo de unos pocos.
Esta afirmación, que en principio todos suscribiríamos, en realidad está sufriendo ataques desde diversos ámbitos.
¿Qué es en realidad eso de la dignidad humana? Este concepto puede tener, al menos, tres interpretaciones:
  1. Todo ser humano, por el mero hecho de serlo, y desde su concepción hasta su muerte, goza de una dignidad inviolable, posee un valor intrínseco independiente de su condición, edad, sexo, etc. Esa dignidad nace del hecho de ser hijos de Dios. Cuando alguna vez le decía a mi madre, qepd, que mi vida era una mierda, ella me respondía que eso no era así, que yo era hijo de Dios. Qué bien hablaban nuestros mayores.
  2. La dignidad como predicable de todo ser humano por el mero hecho de serlo, como en el primer caso, pero con la diferencia de que no es Dios la fuente de esa dignidad de todo ser humano. La dignidad en este caso es una creación humana, con la que nos hemos dotado. El ser humano no tendría por si mismo un valor intrínseco, pero la Humanidad ha decidido “blindar” a todo hombre y mujer otorgándoles dignidad inalienable.
  3. La dignidad es algo etéreo. Puede no ser privativa de los seres humanos. Incluso algunos seres humanos pueden carecer de dignidad, dependiendo de sus circunstancias. Esta idea suena aberrante, pero va calando poco a poco. Como ejemplo, hace un tiempo se debatió acerca de la conveniencia de otorgar derechos formales a los animales más cercanos evolutivamente al hombre. Los defensores de esta idea afirmaron que el valor de los chimpancés era cuando menos igual que el de cualquier ser humano. Así, en blogs como “Proyecto Gran Simio” puede leerse: “No diga chimpancé, diga persona”, o “Los grandes simios cumplen con la definición de personas”. Aunque no estoy seguro al cien por cien, casi pondría la mano en el fuego por que en este debate incluso se llegó a oír que los simios tenían mayor valor que ciertos seres humanos (personas incapacitadas por graves enfermedades).
Dotar de dignidad a todos los miembros de la especie humana ha sido una idea muy buena. Buena parte del mérito de este logro se lo lleva el cristianismo, que consideró ya hace un par de milenios que con los débiles también había que contar.
Recordar que no debemos jugar con el concepto de dignidad es no sólo necesario, sino imprescindible. La dignidad humana como algo propio de todo humano debe ser una idea incontrovertible. Discutir su veracidad puede provocar que la civilización se deslice, como en tiempos no muy pretéritos, a la barbarie.

miércoles 24 de junio de 2009

EXCUSADOS DE SEGUIR LA VIRTUD... O NO

En principio, todos estamos obligados moralmente a ser lo más virtuosos que podamos, a seguir el bien y evitar el mal. Pero, ¿hay excepciones a esta norma general? En la mayor parte de los casos (no afirmo que en todos), la respuesta, según mi parecer, es que no. Sin embargo, mucha gente opina que sí.
Hace pocos días aparecía un señor en televisión (con el rostro oculto) mostrando con orgullo las armas y estupefacientes con los que traficaba. Además, la entrevista con los periodistas tenía lugar en las escaleras del edificio en que vivía, ¡incluso con vecinos pasando! Lógicamente, después de la emisión de las imágenes por televisión, la policía intervino de oficio y arrestó a este “cráneo previlegiado” del crimen.
Pero me he ido del tema, lo que aquí interesa es que, ante la pregunta del reportero al delincuente sobre si pensaba continuar con sus actividades delictivas, éste respondió: “claro, es lo que me da de comer a mí y a mi familia”. En definitiva, que este sujeto se consideraba habilitado moralmente para extender el sufrimiento, la violencia y el dolor, con la excusa de que él y su familia debían comer. ¿Es válido este razonamiento? Yo creo que rotundamente no.
Pero hay más ejemplos en los que se da un razonamiento similar. Por ejemplo, cuando los paparazzi acosan a cualquier persona y ésta, con toda la razón, protesta, los “periodistas” o “investigadores de la actualidad” se defienden diciendo que están haciendo su trabajo… ¡pues qué trabajo más triste, molestar a los demás!
Esa excusa a mí no me vale. Por la misma regla de tres, deberíamos dejar hacer al sicario al que se le ha encargado nuestro asesinato: es su trabajo.
Continúo con otros supuestos: ¿tiene derecho el desesperado a quitarse la vida, sabiendo el dolor que causará? En este caso, las dudas son mucho mayores, ya que en muchos casos su vida es un infierno, inaguantable. La Iglesia Católica habla sobre este asunto en su Catecismo: el suicidio está siempre mal, pero las circunstancias en que se da pueden constituir un atenuante muy importante. Es decir, que según la Iglesia, ni siquiera en este caso de sufrimiento personal extremo estamos exentos de seguir la virtud. En el caso de la eutanasia, el razonamiento de la Iglesia es similar. En estos dos últimos supuestos, mis dudas son mucho mayores.
Complejos estos temas en los que la conciencia de cada cual juega un papel determinante.
Me interesa mucho conocer cuáles son sus opiniones sobre el particular, conque espero sus comentarios.

lunes 8 de junio de 2009

IVÁN ILICH, SALVADO POR LA CAMPANA

La muerte de Iván Ilich es el título de un conmovedor relato del escritor ruso León Tolstoi.
Yo no soy muy de historietas, pero aprovechando la brevedad de ésta, y porque había oído hablar de ella, me puse a leerla. Raras veces un texto me ha conmovido tanto como el que aquí nos ocupa. Y pese a la tristeza que logra transmitir el autor, anticipo que la historia tiene un final feliz.
Iván Ilich acaba de morir, y el primer pensamiento que pasa por la cabeza de sus “amigos” es hacer cábalas para ver cómo va a correr el escalafón profesional, y pensar cómo sacar la mayor tajada posible de ello.
Por otra parte, deberán cumplir con el desagradable trámite de acudir al funeral de su “amigo”, si bien ello no supondrá la suspensión de su habitual partida de naipes.
La esposa del difunto no les va a la zaga, pues su principal preocupación es la pensión que le va a quedar tras la muerte de su marido.
Iván Ilich ha sido un individuo modélico, que ha vivido placenteramente y ha cumplido las obligaciones de su vida decorosamente… o al menos, así lo cree él.
Ilich estudió Leyes en la Universidad, tras lo cual emprende una exitosa carrera judicial. Se casa con una mujer que es buen partido para él, porque le atrae y porque su unión está muy bien considerada entre su círculo de amistades. A Iván le gusta rodearse de las altas clases sociales, siendo una persona liberal.
La vida agradable de Iván hace que los problemas de los demás sean una molestia para él, molestia que no comprende y mucho menos está dispuesto a soportar. Toma una distancia prudencial con estas personas. Así, cuando su mujer está embarazada de su primer hijo, y requiere constantemente la presencia de su marido, éste, que no comprende lo que pasa, descubre las molestias del matrimonio, y trata de pasar fuera de casa el mayor tiempo posible, con el fin de evitar la compañía de su mujer.
Finalmente, el protagonista va a ser pagado con su misma moneda. Cuando es él quien padece el castigo de la enfermedad, se da cuenta de que a él tampoco parece comprenderle nadie, y de que se halla en una soledad terrorífica. Sólo su criado y su hijo, a quien hasta entonces Iván había despreciado, se apiadan de su sufrimiento.
En su lecho de muerte, acaba siendo consciente de la verdad: su vida ha sido una farsa, un fracaso, un absurdo. El cumplimiento de las normas y convenciones de la alta sociedad y el qué dirán le han encorsetado, y han imposibilitado el desarrollo de una vida auténtica.
Iván Ilich, que no ha conocido la compasión en su vida, se redime de esa vida de vacuidad tan solo quince minutos antes de su muerte, salvado por la campana, al sentir compasión por su esposa y por su hijo. Es entonces cuando consigue dar sentido a su vida, y pese a morir entre terribles dolores físicos, su mayor dolor, el espiritual, no le atormenta ya.

domingo 31 de mayo de 2009

LLEGA A SER EL QUE ERES

La sentencia que da título a este post pertenece a Píndaro, poeta griego de la Antigüedad.
Desde un punto de vista lógico, la frase parece no tener mucho sentido. Sin embargo, intuitivamente, todos nos damos cuenta de lo que puede venir a significar. Con todo, la expresión puede dar lugar a distintas interpretaciones. Expongo aquí lo que yo interpreto que significa.
La idea de escribir sobre este tema me llegó hace un par de días, al darme cuenta de que probablemente hay aspectos de mi personalidad que permanecen latentes pero que no se manifiestan en mi vida. Entonces recordé esta sentencia, que es para mí muy evocadora.
Toda la vida es un proceso de conocimiento de nosotros mismos. De hecho, un buen conocimiento de nuestro propio ser equivale a poseer sabiduría. De esta manera, otra máxima, también de la Grecia Antigua, reza así: “Conócete a ti mismo”.
El hombre es el único animal que debe esforzarse en construirse a si mismo. Al resto de animales les basta con sus instintos, y por el contrario el ser humano debe realizar esfuerzos ingentes para llegar a ser una auténtica persona.
Siguiendo con las citas, el poeta español Pedro Salinas afirma que “vivir, desde el principio, es separarse”. ¿De qué debemos separarnos a lo largo de nuestra existencia? De todo aquello que no nos pertenece, que nos aparte de nuestra verdadera esencia, de nuestra auténtica personalidad.
Éste es el sentido que debe tener la educación, ayudar al niño a crecer rectamente, desde el punto de partida de ser él mismo, y no lo que nosotros quisiéramos que fuese.
Una de las acepciones de la palabra tutor es: “caña o estaca que se clava al pie de una planta para mantenerla derecha en su crecimiento”. De igual modo, el tutor, el educador de un niño, debe facilitar el recto desarrollo integral del educando.
Puede ser que nuestra verdadera personalidad esté sepultada debajo de muchas ideas, emociones, etc. Entonces, será uno mismo, finalmente, el encargado de ir sacando a la luz su verdadero yo, del mismo modo que un escultor logra una bella escultura a partir de un bloque de mármol.
Para que se entienda mejor este post, lo ilustro con un ejemplo, el mío propio. En mi caso, creo que en mi interior hay una agresividad a la que muy pocas veces doy rienda suelta. Todos tenemos agresividad en nuestro interior, y encauzarla hacia el exterior apropiadamente es algo complicado. Una de mis tareas consiste pues, en aprender a mostrar esa agresividad de un modo conveniente y auténtico.
Así pues, amigo, siempre fluyendo con la vida y realizando los esfuerzos en el camino acertado… ¡llega a ser el que eres!