jueves, 22 de noviembre de 2007




CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO.
El Cardenal Grocholewski difundió hace un par de días un documento en el que señala los males que planean, según él, sobre la educación actual. El Cardenal afirma que “los males que afligen nuestras sociedades también los está sufriendo la educación, esto es, el difundido subjetivismo, el relativismo moral y el nihilismo”.
Veamos si se puede estar de acuerdo o no con la anterior afirmación.
La España de Franco apoyaba un nacional-catolicismo a ultranza. El nacional-catolicismo ponía la religión como aspecto central en la vida de los españoles, y la escuela se regía igualmente por este movimiento.
El pertenecer a una religión da al individuo más protección. El individuo tiene conciencia de pertenecer a una comunidad religiosa que le ampara, le da seguridad. El pecador cuenta sus pecados a otro miembro de la comunidad, el sacerdote, quien en nombre de Dios, le perdona. Este perdón le reconcilia con la comunidad.
En 1975 muere Franco, y a partir de ese momento la omnipresencia de la religión en la sociedad comienza a desmoronarse progresiva pero inexorablemente. De este modo, hemos llegado a un momento en el que el hombre vive de espaldas a la religión, que en parte ha sido sustituida por la ciencia.
Ahora el hombre se ve desprotegido. Como dice Erich Fromm en “El miedo a la libertad”, el hombre es más libre de coacciones religiosas, pero a cambio ya no tiene la seguridad que confiere el saberse miembro de una comunidad. El hombre se ve libre, pero no sabe muy bien qué hacer con esa libertad, tiene “miedo a la libertad”.
Hemos pasado de tener creencias firmes fundamentadas en lo que decía la Iglesia Católica al “¿pero qué es la verdad?” de Poncio Pilato. Hemos cuestionado todo lo que sabíamos, hemos relativizado y nos hemos hecho más escépticos.
En ciertos casos, todas las actitudes señaladas son positivas, permiten el avance de la ciencia, nos dan una mente más abierta...etc. Sin embargo, para la estabilidad emocional en la vida diaria es mejor tener creencias fuertes, claras.
El problema que hemos tenido en España, en mi opinión, es que nos hemos pasado de rosca, pasando en 30 años de un pensamiento monolítico a un pensamiento excesivamente relativista.
Por ello, estoy de acuerdo con el cardenal cuando dice que en la educación de nuestros hijos faltan valores, ideas, límites...etc. que sean innegociables. El cuestionarse las cosas está bien, pero siempre y cuando no lleve al todo vale, a una educación con permanente sentimiento de culpa por si se están haciendo las cosas mal.

1 comentario:

Perreti dijo...

Me muestro conforme con el cardenal, y por consiguiente con quien suscribe el post, en que actualmente la educación que se imparte es pobre en valores, ideas, límites... También coincido con el autor, José, en que la perspectiva histórica que en relación plantea de España, así como en cierta medida respecto a la devacle que se haya podido producir en cuestión de las creencias, pues discrepo en el aspecto de que éstas tengan por qué tener la más mínima relación con la iglesia católica.
Desde mi punto de vista como no creyente, considero que se pueden tener convicciones, ideales, esquemas morales... sin que sea necesidad que su origen esté en la iglesia.
Así pues, si que es opinión particular que la iglesia debe preocuparse, valga el alarmismo si cabe, con carácter de urgencia, de lo que una profunda y sistemática educación en valores se refiere.
La sociedad debe evolucionar en todos los planos, y confundir esta evolución con la demagogia, el divagar y el todo vale, es un completo error. El comportamiento tiene unos límites, y si bien, estos no se deben imponer, si se debe realizar durante el proceso educativo una orientación desde el plano de la teoría, la experiencia y la reflexión personal, que se oriente hacia aquellas tendencias, digamos más saludables.