jueves, 15 de noviembre de 2007



LA LIBERTAD HUMANA
Dorotea, un personaje del Quijote, trata de convencer a don Fernando de que no use de la venganza con Cardenio, y para ello, tras darle variadas razones, le dice: “y en esto mostrarás la generosidad de tu ilustre y noble pecho, y verá el mundo que tiene contigo más fuerza la razón que el apetito.”
Éste es el quid de la cuestión, la encrucijada del ser humano, la esencia de la libertad: la lucha entre la razón y el apetito.
Ya Ovidio decía: “Video meliora proboque, deteriora sequor” (“Veo lo mejor y lo apruebo, pero sigo lo peor”). Es hasta cierto punto sencillo reconocer qué es lo mejor y aprobarlo, pero es mucho más difícil seguirlo.
Casi todos sabemos cuál es la dieta alimenticia que nos conviene, pero el porcentaje de obesos no deja de aumentar. Sabemos que no nos conviene estar con la amada que no nos corresponde, pero no podemos evitar correr tras ella. Y así, la lista sería interminable.
Los animales no tienen este problema que padecemos los humanos. En su caso, un estímulo es seguido automáticamente de una respuesta. Les podemos educar para que la respuesta varíe, pero en todo caso ellos no tendrán nunca nada que aportar.
La libertad se puede observar desde dos puntos de vista: el primero es el punto de vista externo al individuo. Así, los factores del entorno repercuten en el grado de libertad de una persona. Estos factores son el sistema político vigente (el más importante), condicionamientos económicos, sociales...etc.
Desde otro punto de vista, podemos hablar de la libertad interna de la persona. Desde el interior de la persona, la calidad y cantidad de los procesos psicológicos determinarán su grado de libertad.
Hoy por hoy damos por sentado que los factores externos anteriormente citados son favorables para nuestra empresa de conseguir la libertad. Quiero centrarme por lo tanto en los factores internos.
Contrariamente a lo que se piensa, el libre albedrío o libertad no es un atributo que se pueda predicar de todos los seres humanos. Al contrario, cada individuo deberá luchar día a día por conseguir más libertad, o al menos por retener aquélla con la que ya cuenta.
La libertad interior depende de la situación psicológica del individuo. Por ejemplo, es muy importante para tener un buen nivel de libertad que la tolerancia a la frustración no sea excesivamente baja. Si lo fuera, ante el más mínimo incidente negativo nos derrumbaríamos, y la voluntad quedaría inoperante. Si la voluntad queda inoperante la libertad desaparece automáticamente.
Y ahora resulta que, según dicen las investigaciones científicas más recientes, la tolerancia a la frustración no es resultado de nuestra tenacidad. Los científicos piensan que hay un componente biológico que determina dicho umbral de tolerancia. Y lo que es más importante, el período de la infancia entre los 0 y los 2 años es crucial a la hora de fijar lo que en el día a día de nuestra vida adulta podremos o no soportar.
Por lo tanto, una parte muy importante de los factores que condicionan nuestra libertad escapan a nuestro control.
Veamos, por otra parte, cómo podemos lograr que un individuo aspire a las mayores cotas de libertad.
Por paradójico que pueda parecer, un hombre libre se consigue a partir de un niño al que se le han puesto límites; un hombre independiente, a partir de un niño dependiente. Fue Kant el filósofo que más hincapié hizo en esta relación entre la libertad y la disciplina.
Pienso que se puede dar por sentada la idea de que una persona libre se consigue a partir de las más rudimentarias coacciones o condicionamientos durante su infancia. Y si no se dan dichas coacciones, no habrá libertad, así de crudo y simple. La disciplina a la que el niño es sometido en su infancia se convertirá después en auto-disciplina que el niño ya adulto se impondrá.
Lo anteriormente expuesto casa con la idea lanzada por algunos psicólogos, que comparto plenamente, de que la voluntad es una construcción social. Por ello, nuestra voluntad y nuestra libertad dependerán de esa intervención social (sobre todo familiar), sin estar tan en nuestras manos como a simple vista pudiera parecer.
Así pues, nada más alejado de la popular idea de que ser libre es “hacer lo que me da la gana”. Al contrario, ser libre es “hacer lo que debo”, sometiéndose mediante el valor y el ánimo a los dictámenes de la razón.

3 comentarios:

Perreti dijo...

Antes de nada, en primer lugar quisiera felicitar al regente de este blog. La calidad de las entradas es sublime. ¡Cuántos periodistas de columna asegurada no tienen la mitad de fundamento ni redacción que la de José!
En cuanto a la reflexión sobre la libertad, esto me recuerda a un trabajo que, conjuntamente con otros compañeros, realicé cuando cursaba Magisterio, y que creo colgaré en mi blog.
Sin mayores divagaciones, tras analizar el valor libertad, contrariamente a la primera impresión, la libertad no consiste en hacer lo que uno quiera, si no lo que se debe, al menos en la vida en sociedad. Basta con imaginar lo que ocurriría si todos hiciésemos lo que nos viene en gana. En consecuencia, la conciencia y la responsabilidad van ligadas a la libertad de un modo imprescindible.
Así mismo, y por extensión a lo dicho, no somos libres, pues a parte de las autolimitaciones que nos imponemos, hay otras que nos vienen dadas por el propio sistema; dicho lo cual procede especial mención al sistema político (al igual que en el artículo del blog).

peavy dijo...
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fermín dijo...

Hay que considerar la libertad desde el punto de vista de la esclavitud. Dicen que la esclavitud comenzó con las primeras civilizaciones, donde un ejérccito se enfrentaba a otro, así el 1-10% de una población derrotaba a otra y toda el país era conquistado, tenían que pagar tributos y muchos pasaban a esclavos. Por lo menos la causa de la falta de libertades pasadas eran conocidas y la gente se conformaba.
Hoy tenemos la publicidad, nos dice las cosas que debemos comprar, un cochen, perfumes, un danet que se come Ronaldinho y le da un genio de Popeye,...a las niñas las transforma en unas anoréxicas vomitonas, el pobre tiene envidia del rico y este lo quiere ser más.
Los gobiernos no dirigen nuestra sociedad, son otros esclavos solidarios con el resto. ¿Quién será ese ogro que nos jode? este es el consumismo, las multinacionales, estos que pagaron la guerra de Iraq, que retienen el coche eléctrico, que no sacan al mercado medias irrompibles, ruedas de coche que no pinchen,...
Está claro que la libertad depende del interior, pero el exterior es mucho más asfixiante.
Para concluir diré que alguien libre es alguien que no consume más de lo necesario, tan sólo lo justo para sobrevivir, debemos pues envidiar a los animales que mayoritariamente no sufren este problema, y quiza a la dictadura cubana, mucho más libre que nuestra " democracia".
El aumento de número de estímulos que recibimos nos hace disminuir la libertad aunque parezca contradictorio, ya que nos direge hacia lo que consideramos mejor para nosotros. Todo esto lo trabajo Tolstoi en Guerra y Paz, quien afirmaba que Napoleón no era libre. Nosotros estamos siendo bombardeados por millones de estímulos, millones de anuncios de publicidad.