martes, 22 de enero de 2008

COLESTEROL EMOCIONAL

Hace poco leí en un periódico gratuito las respuestas que daban personas de la calle a la pregunta: ¿Se ha marcado algún propósito para 2008? Aparte de lo ya tradicional, como adelgazar, dejar de fumar y similares, había respuestas que me llamaron la atención. Así, Agustín hablaba de un viaje a Argentina, Fermín quería irse a Groenlandia y un tal XY quería irse a Estados Unidos.
Si les hubiéramos hecho la misma pregunta a nuestros abuelos, o incluso a nuestros padres, creo que las respuestas habrían sido muy distintas: llegar a fin de mes, que Dios nos guarde la salud...en una palabra, sobrevivir, objetivo fundamental de toda especie animal (sólo superado por el de transferir los genes por medio de la reproducción).
Hace unas décadas los españoles tenían una preocupación esencial: comer todos los días. También hoy en el Tercer Mundo es el objetivo de miles de millones de personas. Sin embargo, una cantidad muy pequeña de personas tenemos la suerte de tener nuestras necesidades básicas cubiertas y poder dedicarnos a otros menesteres.
No obstante, cuando tenemos las necesidades básicas cubiertas corremos un serio peligro, una amenaza mortal: la enfermedad mental. Es muy conocida la expresión que dicen las personas sanas a las deprimidas: “si tuvieras que buscarte las lentejas qué pronto espabilarías”. Pues es verdad, o al menos habría sido verdad si hubiera sido así desde el principio de la vida de cada uno.
En caso de necesidad el cerebro se centra en dos prioridades absolutas: sexo y comida. La transmisión efectiva de los genes a la próxima generación no es un objetivo ambiguo, no hay tiempo para pensar en el sexo de los ángeles.
Me parece que era Fernando Savater (si no era él, que me disculpe) quien decía que hoy hay una especie de colesterol emocional, que no físico, en el funcionamiento de los humanos. Estamos hastiados, estamos más que satisfechos de todo. Así, la magnífica y decisiva ventaja sobre otras especies, el cerebro y la conciencia sofisticada, se puede volver en nuestro principal enemigo.
En nuestras sociedades occidentales, el cerebro se halla perdido, ya tiene todo hecho, ¿a qué dedicarse entonces?
Ya no hay una motivación clara que mueva en una dirección pero, ¿cuál es la motivación esencial del hombre, de manera espontánea? Veamos lo que dicen las personalidades de la psiquiatría.
En primer lugar, Freud afirmó que el placer es la motivación fundamental del hombre, especialmente el placer sexual.
Después, Alfred Adler cambió esa voluntad de placer por una voluntad de poder, y por último, Víctor Frankl afirmó que la primera fuerza motivadora del hombre es la lucha por encontrarle un sentido a su propia vida (la voluntad de sentido).
Es evidente que Freud estaba equivocado. Si fuéramos todavía animales desprovistos de conciencia, sin duda que estaría en lo cierto: el animal no humano se guía por sus instintos. Además Freud lo relacionaba todo con el sexo, lo que fue un error, comprensible por otra parte en una sociedad en la que el sexo era un tabú absoluto.
En cuanto a la voluntad de sentido de Frankl (su manera de curar a los pacientes era la logoterapia, o terapia del sentido) intuyo que tiene más razón de la que por el momento llego a comprender, pero de momento me parece una idea demasiado elevada de la condición humana.
Sin embargo, quiero hacer hincapié en la segunda escuela, la de Alfred Adler. Parece que pone las cosas en su justo término, saliendo de la mera búsqueda del placer pero sin llegar a una compleja búsqueda de sentido. El hombre está allí, a mitad de camino entre lo más primitivo y lo más elevado.
La voluntad de poder comprende la voluntad de dominar y someter, pero también el estar orgulloso de ser autónomo, de ser capaz de hacer cosas, de ayudar a los demás... Es el niño de 2 años que le dice con los ojos brillando a su padre: "Mira, papá lo que hago". Queremos poder (sin el sentido peyorativo que normalmente tiene esta palabra). Alguien decía también que lo contrario de la depresión no es la alegría, sino la potencia. Estoy totalmente de acuerdo.
Volviendo a ese "colesterol" que se va formando en nuestras neuronas, diré que a mí me gusta leer libros en los que sabios, filósofos o psiquiatras aconsejan a los hombres sobre cómo vivir bien (no la buena vida, sí la vida buena, ética y feliz). Pues hay en todos ellos una norma que se cumple con exactitud: todos son optimistas en cuanto a la posibilidad del hombre por cambiar y mejorar. Sin embargo, hacen una excepción que suele ocupar no más de dos o tres líneas: el que no tenga un mínimo de esperanza, que cierre el chiringuito.
Todos reconocen que el hombre debe contar con un poso de esperanza. Como ejemplo cito las palabras del Papa en su última encíclica: “es necesario tener esperanzas -más grandes o más pequeñas-, que día a día nos mantengan en camino»
El mito de La caja de Pandora es ilustrativo: Pandora fue una mujer creada por encargo de Zeus. Además de otros muchos dones, Zeus dio a Pandora un cofre, advirtiéndole de que no lo abriera, pues todo lo que puede causar mal y sufrimiento al hombre se dispersaría por la tierra.
Cuando bajó Pandora a la tierra, se casó con el rey Epimeteo, hermano de Prometeo.
A Pandora pronto le pudo la curiosidad, y en contra de las indicaciones de Zeus, abrió la caja. Por ella salió un humo negro y varios fantasmas. Pandora vio todas las enfermedades, todos los dolores, todas las fealdades y todos los vicios, que se esparcían por el mundo para desgracia de los hombres. Pandora trataba en vano de cerrar la caja, pero no lo lograba.
Cuando todos estos males hubieron salido, Pandora miró en el interior de la caja, y vio que aún quedaba un gracioso pajarillo. Era la esperanza. De ese modo, la esperanza siempre viviría en el fondo del corazón de los hombres, aunque tuvieran que soportar desgracias.
Adquiere así un sentido más allá del tópico aquello de que la esperanza es lo último que se pierde. Es, realmente, lo último que se pierde.

3 comentarios:

Magia dijo...

Parece sensato lo que Víctor Frankl pensaba, sin embargo si pienso fríamente qué es lo que mueve el mundo actualmente me viene a la mente poder y sexo...con lo cuál Freud y Alfred Adler tampoco estaban tan equivocados, pero tengamos esperanza y pensemos que nos movemos por mucho más

Perreti dijo...

Hoy por hoy, como bien se señala en la entrada, las necesidades básicas están cubiertas, y eso nos lleva a hacernos otras preguntas. ¿Quién soy? ¿Cómo soy? ¿Cómo quiero ser? ¿Cómo me muestro? ¿A dónde voy? Etc, etc.
La causa de esta batería de preguntas, bajo mi punto de vista, es que no se acaba de encontrar sentido a la vida.
Respecto a cuales son los valores y prioridades que mueven el mundo, pues es mi opinión que no es generalizable, y por tanto se puedan dar un puñado de ellos y punto. Me explico, tal y como señala José, para los que afortunadamente no pasamos hambre, el comer no será un motor ni una referencia en nuestras vías, porque es algo que no precisa mayor atención nuestra para ser satisfecha.
Por otro lado, los que estén pendientes de encontrar a su media naranja, ese será uno de los destinos hacia los que se oriente.
El poder y el sexo que señala magia, pues también, pero nuevamente a mi entender, dependerá de las necesidades que uno tenga cubiertas, pues por ejemplo, y aquí a lo mejor no soy objetivo, difícil de imaginar será para la mayoría de nosotros imaginarnos a nuestras madres movidas por el ansia de poder y el sexo en lugar del amor hacia nosotros.
Ejemplos en esta línea, pues un millón. Tan sólo reiterar mi idea de que las motivaciones dependen según las necesidades y que totalmente conforme con la entrada, la esperanza es lo último que se pierde.

fermín dijo...

Lo que nos mueve es la inercia. Nuestros actos dependen del millón de estímulos que nos rodea. Nosotros también constituimos estímulos para el resto del mundo.
Somos una fuerza que engloba a otras fuerzas donde el millón de pestes que salen de la caja de Pandora son otros factores más. Si no fuésemos quienes somos no nos afestarían, tenemos enfermedades por existir, por estadística, por inercia.