sábado, 26 de enero de 2008

¿CONVENCIMIENTO, PERSUASIÓN O MANIPULACIÓN?

Tengo a mi madre ingresada en el hospital por una enfermedad grave pero no mortal. Mi madre, que es algo miedosa, estaba ya antes de ingresar un poco harta del tratamiento médico, que tiene incómodos efectos secundarios, y por ello se mostraba reacia a continuar con él. Hete aquí, que en este momento me preguntó mi hermana qué era lo que yo pensaba sobre la conveniencia de que continuara o no el tratamiento.
A mí en principio me pareció que la repuesta correcta era delegar la decisión en mi propia madre, que aunque ya no es una jovencita está en perfecto uso de su razón. Me pareció incluso que los médicos se lo dirían directamente a ella. Sin embargo, mi hermana creía que la decisión la debíamos tomar nosotros. Mi sorpresa fue comprobar que entre el personal médico también había discrepancias, y así, mientras uno de los facultativos se mostraba partidario de continuar con el tratamiento médico sin que la paciente lo supiera, el otro afirmaba que llegado el caso la informaría directamente.
A mí esto en principio me sorprendió mucho, pues no entendía por qué no tenía mi madre derecho a saber que se le estaba aplicando el tratamiento, pero cavilando algo más es cierto que me pareció una cuestión peliaguda, que se extiende además a muchos ámbitos: ¿Tienen los menores derecho a decidir? ¿Sobre qué aspectos? ¿Puede sancionar el Estado por normas que, en caso de ser incumplidas, sólo perjudican al infractor? ¿Hasta que punto tiene el márketing económico o político derecho de persuadirme? ¿Cuándo pasa de ser admisible persuasión a ser manipulación? ¿Puedo tratar de convencer a alguien de que haga algo que yo quiero que haga? ¿Sólo cuando le beneficia a él o también cuando sólo me beneficia a mí? ¿Tengo derecho a poner fin a mi vida sin que me molesten?
En mis cavilaciones además, me di cuenta de que mis posiciones sobre el derecho a decidir libremente por parte del individuo variaban en función de los casos concretos, hasta perfilar una incoherencia que revelaba más una improvisación según los casos que un razonamiento estructurado.
En este punto, me parece oír la voz del gran Eduardo Punset: José Miguel, ¿de qué te asombras? A nuestro cerebro no le interesa la verdad, sino la supervivencia. El cerebro se adaptará al caso y a nuestro gustos personales y emociones más que al razonamiento teórico, la coherencia y la racionalidad.
Me gusta decir que en mi juventud fui colectivista: el concepto de colectivo me fascinaba. Para mí, en aquella época, el individuo debía someterse completamente al interés general. Que uno quiere imprimir Biblias... no mira, le diría el funcionario, mejor que imprimas libros de Educación para la Ciudadanía que este año gobierna el PSOE y hacen más falta.
Tiempo después de mi época comunista (ojo: Izquierda Unida, espejo de los comunistas europeos, flor del proletariado internacional, decía de la mano de su coordinador general Julio Anguita que los empresarios debían ser dirigidos en su producción, porque ellos mismos no sabían qué producir. Hace menos de 15 años, y el 10% de votos) tuve una breve etapa libre-pensadora y anarquista, en la que, por ejemplo, estaba a favor de la legalización de las drogas. Total, con el tabaco también se mata el fumador y le dejamos tranquilo (salvo por las molestias del humo, que no tiene nada que ver). Sin embargo, comentándolo con un amigo me dijo que el motivo por el que no están legalizadas todas las drogas es por el enorme grado de destructividad de algunas de ellas (heroína, crack...). Su argumento me pareció muy convincente, pero ¿dónde poner el límite de drogas suficientemente destructivas como para arrogarnos el poder de prohibir unas y permitir otras?
Por fin, recalé en una etapa social-demócrata, en la que ahora me encuentro, la más cómoda sin duda (¿será esto buen síntoma?), en la que trato de combinar el interés general con la libertad individual. Me apunto a medidas económicas liberales de la derecha pero también defiendo las prestaciones sociales de la izquierda.
Hay más ejemplos en los que el Estado se entromete en la libertad de cada individuo. Tenemos así el caso de la conducción peligrosa. Es evidente que un conductor no puede ir en dirección contraria, pero ¿por qué tiene que llevar el cinturón de seguridad? ¿no es perfectamente legítimo que le respondiera al agente que me está multando por ese motivo: “oiga, yo con mi vida hago lo que quiero, y si quiero romperme la crisma me la rompo”. Aquí queda de manifiesto un casi literal papá-estado. No obstante, también en este punto hay fuertes motivos para su regulación legal, pues el número de muertes por no llevar el cinturón de seguridad era alarmante.
Después tenemos el suicidio. En un principio, la idea que me viene a la cabeza es que si una persona ha decidido morir tiene el perfecto derecho a hacer con su vida lo que quiera. Pero una vez más, las insidiosas dudas aparecen en el otro individuo salvador potencial del suicida: ¿No será un mal momento que perfectamente podrá superar? Y el problema es que de los errores se aprende, pero de éste, a menos que falle, no parece factible que se aprenda nada, es del todo irreversible. Siempre me ha parecido que hay dos tipos de suicidas: el suicida con vocación (parafraseo a Joaquín Sabina en unas de sus canciones) y el suicida sin vocación. Al primero si le salvas la vida es muy probable que sólo vayas a conseguir fastidiarle, pero el segundo te podría estar eternamente agradecido. El problema en este caso es que si ves a alguien tirarse al río no va a llevar escrito en la cara a qué tipo pertenece, y además habrá tenido la desconsideración de no dejar un papel explicándolo.
Hay casos más cotidianos. Por ejemplo, a los niños y adolescentes parece conveniente ponerles bastantes condicionantes a la “libre expresión de su creatividad”.
Hay personas que también son más proclives a intentar convencer o persuadir a los demás de que hagan lo que ellos quieren, mientras que otras te dejan libertad de elección sin decir “esta boca es mía”. Al fin y al cabo, el concepto de manipulación es muy ambiguo. Un político me manipula al lanzar sus arengas políticas, haciendo todo lo posible para que le vote. En otro grado, un supermercado pone una musiquilla determinada para que vaya más lento o más rápido según les convenga. Y en un último grado, ¿no exponemos nuestros argumentos de la manera lo más seductora posible para llevarnos el gato al agua con nuestro interlocutor?
Aparte hay otra dificultad. A los 18 años 0 meses 0 días se acabó toda imposición y se llega a la autonomía absoluta. Es así en los casos penales de menores, aquí ponemos un límite muy concreto, mientras que quizás sería mejor considerar la edad mental o madurez del delincuente juvenil (o infantil).
En conclusión, tenemos que hacer un buen uso de nuestra libertad individual, y sobre todo, imponerles límites a nuestros hijos para que un día puedan ejercer también ellos responsablemente esa libertad.

4 comentarios:

Magia dijo...

Ante todo que tu madre se mejore. Me he quedado un poco sorprendida,no sé hasta que punto os pueden sugerir que le deis el tratamiento sin que ella lo sepa....ya no tenemos ni libertad para decidir por nosotros mismos?, entiendo que se la pueda convencer con argumentos más o menos razonables, pero hasta ahí, después yo creo que es uno mismo el que debe decidir.Y acerca de los menores....ese ya es otro tema con el que me extendería demasiado.

John C. dijo...

Primero de todo,y como dice Magia,desear que su madre mejore.

Lo segundo,agradecerle su paso por mi blog.Le leo de vez en cuando,y me gusta lo que le leo aunque me "abruma" la cantidad de información que da.Por eso no he comentado antes en su site.

Lo tercero,un apunte sobre su entrada cuando habla del suicidio.
Por experiencia propia,por haber padecido un suicidio en mi casa,le puedeo decir que no hay dos clases de suicidas.Sólo hay uno:el que se mata puesto que ese es su propósito.El que no se mata no es un suicida,porque obviamente sigue vivo.

Y cuando se cuestiona si lo de los suicidas es porque atraviesan un mal momento que se podría superar yo le digo:el que se quiere matar,se mata y no sólo eso sino que se asegura de que nadie lo va a detener.No entiende de momentos,tira por la calle de enmedio y adiós muy buenas.

Un cordial saludo

John C.

José dijo...

Lo que dice de que la cantidad de información que doy es algo abrumadora lo tendré en cuenta, porque no es la primera persona que me lo indica. Sí, tendré que centrarme en pocas cosas con mayor profundidad.
Por otra parte, es un placer visitar su blog, veo muchas entradas muy interesantes.

John C. dijo...

Pues eso,que ya me tendrá por aquí dando la tabarra habitualmente.

Atentamente

John C.