jueves, 3 de enero de 2008

EL QUE ESPERA...¿DESESPERA? (II)

¿Cuál es la esperanza que promete a sus fieles la Iglesia Católica? ¿Cuál es la “ventaja” de ser católico romano?
En primer lugar, señalo que voy a exponer lo que es la doctrina oficial de la Iglesia Católica respecto al tema (expresada por Benedicto XVI en la encíclica de reciente aparición “Spe Salvi”, que significa “Salvados por la esperanza”), y por lo tanto la esperanza que debería tener cada uno de los 1.100 millones de almas cristianas que pueblan la tierra. Sin embargo, creo que esta posición teórica dista mucho de la realidad práctica. Me explico: yo, en mi día a día, no veo en mi entorno una correlación clara entre ser católico y ser una persona con más esperanza, así como tampoco veo mayor correlación entre ser cristiano y ser buena persona que entre no ser cristiano y ser buena persona. Se me puede decir que el cristiano está en camino de perfección, siguiendo el ejemplo de los santos (personas que se han destacado en mostrar los valores cristianos y humanos en general). No pongo defensa contra esta objeción, la acepto, pero reafirmo igualmente la apreciación subjetiva (mía personal) que la antecede.
De aquí en adelante los extractos entre comillas están sacados literalmente de la encíclica.
Dicho todo lo anterior, paso a describir la esperanza cristiana. La esperanza / certeza cristiana se cifra en algo muy claro: el reino de Dios. En este reino, el pecado (mal que se hace el hombre a si mismo o que hace a los demás hombres, provocando ruptura y división) y la limitación y finitud humanas (enfermedades, dolor, muerte...etc.) han desaparecido. Sin todas estas rémoras terrenales el hombre ya no sufre más, se encuentra en unión íntima y eterna con la Totalidad.
¿Y cómo puedo yo tener esa esperanza cristiana tan positiva? Es la fe en Dios y en Cristo la que la otorga, siendo la acción, el sufrimiento y la oración elementos para ejercitarla y acrecentarla. En cuanto al sufrimiento, Benedicto XVI habla de darle un sentido, pues Dios, aunque “no puede padecer, puede compadecer”.
¿Qué podemos esperar tras la muerte? El Juicio Final, como momento de esperanza en la Salvación a la vez que motivo de temor de Dios: los que hayan destacado por su bondad, irán directamente junto a Dios. El grueso de fieles pasarán por un estadio intermedio, el Purgatorio, donde el fuego del Amor de Cristo los purificará. Por fin, aquéllos que hayan destacado por su maldad (“olvido del otro y de la incapacidad de amar”) irán al infierno, o sea, que serán destruidos.
Éste es un punto de vista muy optimista, si consideramos que para el ateo todos iremos al infierno, pues volveremos a la nada.
Hasta aquí, lo que la encíclica dice. Ahora, haré algunas reflexiones sobre ella. El problema que tiene la adhesión a la Iglesia Católica es que no hay posibilidad de enmiendas parciales, o sea, que hay que aceptar toda la doctrina de una pieza o ya no vale. Y sin embargo, siempre habrá puntos que permanezcan más oscuros (por ejemplo, la historicidad de los milagros atribuidos a Jesús o la virginidad de María). En esta encíclica, pienso que los puntos acerca de los que se puede objetar son los siguientes:
· Lo que expone el Papa acerca de lo que ocurrirá en el Juicio Final son meras especulaciones, sin ninguna base bien fundada.
· Ciñe la felicidad, la redención del hombre, al reconocimiento de la Verdad cristiana. La vida eterna se logra únicamente conociendo al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo. ¿No es este punto de vista darle demasiada importancia a nuestra religión y quitar peso a las demás? ¿Y qué pasa con la vida de ultratumba de los agnósticos y ateos que han obrado bien?
· El Papa alemán afirma que al imperio de la ciencia, la razón y la libertad le falta algo. Estoy de acuerdo con él, pero disiento cuando señala que la fe cristiana es lo que falta para que el progreso humano no tenga un final catastrófico. Yo no estoy de acuerdo con él, y pienso que más que esta fe cristiana se ha de dar un sistema ético universalmente válido (que tomará muchos elementos del cristianismo, pero irá más allá de él) aplicable a cristianos, judíos, musulmanes, agnósticos...etc.
Por el contrario veo como grandes aciertos de la encíclica:
· La Humanidad como comunidad. La salvación es comunitaria, no personal. Todos dependemos de todos. El amor se manifiesta en la responsabilidad por el otro, en jugarse el pellejo por el otro saliendo de la comodidad.
· En el punto 43, el Papa señala cuáles son para él los argumentos a favor de la fe en la vida eterna. Da especial importancia a la reparación de la injusticia terrenal: ¿pueden quedar las injusticias cometidas en la tierra impunes? Se lo anoto como acierto porque el hombre ha evolucionado tanto que aspira a una justicia que en efecto no se da en esta tierra, tenemos un sentido muy elevado de justicia.
· Llamada a la responsabilidad cristiana, y a preocuparse por el otro. Ratzinger indica que la conciencia del Juicio Final es una llamada a la responsabilidad, pues “No reconocer la culpa, la ilusión de inocencia, no me justifica ni me salva, porque la ofuscación de la conciencia, la incapacidad de reconocer en mí el mal en cuanto tal, es culpa mía.” (Punto 33).
· Antepone a las leyes de la materia y de la evolución “la razón, la voluntad, el amor: una Persona”. Sin pronunciarme sobre la verdad o falsedad de esta sentencia, creo que a todos nos gustaría que fuese cierto, porque entonces ya no somos esclavos de un determinismo materialista, sino que somos libres.
Y para terminar, una frase bonita y que nos puede reconfortar: “Todavía puedo esperar, aunque aparentemente ya no tenga nada más que esperar” (Punto 35). Chapó aquí, Ratzinger.

3 comentarios:

Magia dijo...

No sé si soy atea, cristiana o mala persona por ignorarlo..pero me cuesta creer en todo aquello que no se puede demostrar o por lo menos que tenga unas bases científicas en las que apoyarse..pero respeto y entiendo a todos aquellos que tienen fe en algo que va más allá de lo explicable.Buen fin de semana

Perreti dijo...

La encíclica, cuyo contenido de primera mano desconozco y por tanto opino en función de la información que José Miguel aporta, no la encuentro ni mucho menos conforme en su totalidad.
No advierto la relación entre ser católico y tener esperanza. Además,los términos en que dicha esperanza se plantea no dejo de verlos con una dimensión finalista. Es decir, se debe tener fe, creer en la gracia de Dios, esperanza y comportarse conforme a las directrices de la iglesia, todo con la finalidad de alcanzar la salvación el Día del Juicio Final. ¡Ni el mismísimo Paulov hubiera dado unas directrices más conductistas!
El comportamiento, la esperanza y la fe son aspectos que para nada se pueden ligar a lo que institución alguna establezca unilateralmente, máxime si para colmo éstos no encuentran su esencia en sí mismos.

fermín dijo...

Ha sido un capítulo muy completo que tendría que leer varias veces. Sólo puedo decir que el Papa es muy cuadriculado como buen alemán y parece haber sentado las bases para llegar al cielo.
Sin embargo el cristianismo se basa fundamentalmente en la biblia que es bastante contradictorio, donde Dios nos ordena claramente no matar al prógimo y luego manda a los judíos que exterminaran a los pueblos que vivían en su tierra prometida que manaba leche y miel, la tierra de Canaan. Y también Dios cuando le apetece o se encoleriza se cepilla a unos cuantos, incluso de su propio pueblo, los judíos, sus seguidores. Luego tenía una misericordia infinita.