jueves, 31 de enero de 2008

LA RESILIENCIA

Por Dios, que es ésta una palabra horrible. Sin embargo, y como veremos, a todo el mundo le gustaría tener la capacidad que define.
La resiliencia es la capacidad que tiene un individuo de no sentirse acongojado por los problemas y hacerles frente con resolución y valentía. Además, el individuo resiliente se repone pronto de los fracasos.
Este término psicológico es de aparición muy reciente, y proviene del campo de la mecánica. Así, la resiliencia en ese campo define la capacidad que tiene un cuerpo de volver a su estado original después de haber sido deformado. Por ejemplo, una esponja tendría una resiliencia casi inmejorable.
Tenemos también un término más complejo, la resiliencia relacional. Esta resiliencia se refiere a la red social (familia, amigos...etc.) con que una persona cuenta para, primero, que le ayuden a resolver sus problemas con éxito, y segundo, que le ayuden a reponerse de un posible traspiés.
La resiliencia es un término de origen anglosajón que viene a significar lo que en nuestras latitudes se ha descrito de toda la vida como una persona con recursos, con tolerancia a la frustración.
Está muy claro que no todas las personas nos enfrentamos con el mismo talante a los mismos problemas. Lo que algunos sabios griegos ya afirmaban instintivamente sobre el particular está hoy plenamente consensuado y constatado: no importa el problema, sino cómo nos tomamos nosotros el problema, y los recursos que tenemos para afrontarlo.
La resiliencia me parece una de las cualidades psicológicas fundamentales. Si lo pensamos bien, teniendo esta cualidad, cómo me vayan las cosas es poco importante. Por el contrario, sin tener tolerancia a la frustración y el fracaso, todo lo que nos ocurra se nos va a apoderar.
Me parece cualidad importante porque está muy relacionada con la valentía, y Nietzsche dio mucha importancia a ésta al responder a su propia pregunta acerca de lo que es bueno: “ser valiente es bueno”. Además, el valor es una virtud universal, pues no ha habido civilización que no lo haya fomentado. Estos dos motivos encumbran al valor a la cima de las virtudes humanas. Si me dieran a elegir una virtud para una eventual próxima vida casi sin duda que escogería la resiliencia. Sólo la autoestima puede comparársele.
¿Quién no quisiera ser resiliente en grado extremo? Yo querría ser incólume frente a la adversidad. Teniendo esto, vengan fealdad, pobreza y lo que sea, que ande yo caliente, ríase la gente.
Supuestamente existen herramientas o técnicas para la mejora de la resiliencia en las personas. Las personas interesadas en el tema pueden consultar el libro de Donald Meichenbaum titulado “La inoculación del estrés”. En primer lugar diré que no entiendo por qué se llama así, si por alguna ironía o por error, pues yo entiendo que inocular estrés es aumentar el estrés, y vaya de retro cualquier libro que eso nos proponga. En segundo lugar decir que yo lo consulté y me decepcionó, pero quién sabe, para gustos los colores. Aun con lo anterior, lo sigo recomendando porque es José Antonio Marina quien lo recomienda, y donde hay patrón no manda marinero.
En todo caso, soy bastante escéptico en relación a estas vías que nos hagan aumentar nuestra resiliencia. A mí se me antoja (dentro de mi línea pesimista, dirán algunos con no poco acierto) que es una cualidad que nos toca en la lotería familiar (o del lugar donde nos hayamos criado) que permanece difícilmente alterable durante el resto de nuestras vidas, pero ésta es una apreciación personal no contrastada.
Se habla mucho también de la resiliencia a la hora de trabajarla en la escuela. Sí, no sé por qué me da que hoy por hoy esta virtud está un poco dejada de la mano de Dios.
Por último, decir que el polo opuesto de la resiliencia, de la rasmia para perseverar, es la indefensión aprendida. El resiliente piensa que con su voluntad y esfuerzo puede lograr mucho, mientras que el que ha contraído el virus de la indefensión aprendida se siente un juguete del destino. ¿Quién de los dos tiene razón? Pues el que se considera potente para cambiar su suerte lo es realmente, y el que se cree impotente para ello lo es también realmente. Esto podría parecer muy positivo en un principio: qué bien, ya sólo me queda cambiarme de orilla, pero ¿es eso posible realmente? La respuesta está en el aire.

4 comentarios:

John C. dijo...

De resilencia ando muy escaso,eso suponiendo que tenga algo de ello que vamos a poner que sí.Reconozco que no me importaría tener más,aunque dudo de que eso este a la venta en los establecimientos comerciales habituales XD.

Como contrapartida,yo empleo el AGUANTE,es decir,cuando vienen mal dadas,aguantar el chaparrón por cojones,que ya amainará la cosa.Suele funcionar,pero desgasta lo suyo.No lo recomiendo,pero a falta de pan....

Un saludo.

pd.-En esta entrada ya va más al grano,José.Especifica más lo que quiere decir.No "abruma" con mucha y diversa información.Se agradece.

Magia dijo...

Creo que todos somos potencialmente resilientes, a veces se nos olvida y entonces es cuendo necesitamos una persona, un acontecimiento, un libro....algo o alguien que estimule esa capacidad de autosuperación, si bien es verdad que la genética influye también lo hace en gran medida la autoestima, y esta a su vez dependerá de como hayan sido nuestros primeros años de vida. El ámbito familiar es determinante.

De todas maneras creo que lo primero es saber diferenciar lo que realmente es una adversidad de lo que no lo es, economizando energía tendremos más para cuando verdaderamente haya un problema.

José dijo...

Sí john c, en esta entrada he tratado de ser más concreto (y no vea la cantidad de divagaciones que he tenido que eliminar en segundas y sucesivas rectificaciones).
En cuanto a su comentario, magia, le diré que estoy totalmente de acuerdo con usted en que los primeros años de vida son determinantes: interesa más aún la lotería familiar que la lotería genética.

Perreti dijo...

¿Cuál es la fuente de la resilencia? ¡Pues anda que no pregunta casi nada usted! Sí supiera la respuesta no la iría dando por ahí en blogs, escribiría auténticos bestsellers de 300 páginas resumibles en una línea: Lo que usted tiene que hacer es...
Dejando las divagaciones al grano, señalar que está hoy por hoy más que aceptado, que tanto genética como ambiente, es decir, como muy bien señalan los contertulios, como es uno por nacimiento y como lo mediatiza el contexto donde desarrolla su existencia, marcan la personalidad del individuo.
En esta línes, señalar que las investigaciones parecen apuntar a que las circunstancias ambientales en concurso con las genéticas, marcan más a la persona en su adolescencia que en su infancia.
La resilencia la advierto como un mix de factores, tolerancia a la frustración, autoconcepto, motivación...
Como ser resiliente, pues no sé, cada uno es como es, creo que no hay fórmulas mágicas, pero en cualquier caso, algo que siempre he pensado es que el tener conocimiento de ciertos aspectos psicológicos, nos sitúan en una posición privilegiada para redirigir conductas. Conclusión al hilo, la resilencia se define por sí sola como una buena cualidad, pues bien, si uno no es resiliente por sí mismo, tal vez un buen consejo sea, en la medida de lo posible, tomar consciencia de la situación y buscar nuestra resilencia allí donde esté,