jueves, 14 de febrero de 2008

DARWIN Y SAN VALENTIN (Y II)

Vimos en la última entrega que el amor trabaja a sueldo de la evolución. El amor debe procurar que dos personas estén juntas al menos el tiempo preciso para garantizar la supervivencia de sus vástagos y, con ellos, de la especie.
Parece, sin embargo, que el común de los mortales tiene una visión más elevada del amor. Nos inclinamos a pensar que el amor, que ha hecho correr ríos de tinta (y de sangre), no es sólo un burdo mecanismo evolutivo.
¿Qué es entonces el amor? ¿ un arma para la reproducción de la especie o un don divino metafísico?
Para mí, el amor es algo muy elevado. Que el amor sea un producto de la evolución, como demuestra la ciencia, no invalida su grandeza. Del mismo modo, el hombre no tiene por qué perder su condición moral y espiritual (de hijo de Dios, incluso) por haber sido sometido al mismo troquelado de la evolución.
El momento clave para la aparición de la dignidad humana, según mi punto de vista, es aquél en el que, emergiendo de la naturaleza, sobresaliendo de ella, el homo sapiens adquiere conciencia de sí mismo (ver imagen a la derecha).
Esa conciencia parece la chispa divina con la que Dios señala al hombre como especie elegida. Lo distingue del resto de la creación. Del mismo modo, el amor pasa a ser también un signo diferenciador entre el hombre y el resto de especies.
El amor, después de la adquisición de la conciencia, tiene algo que antes no poseía: la vocación de permanencia y aun eternidad. Lo que verdaderamente distingue al amor humano es la idea de compromiso: dos personas se unen, pero además de unirse por un deseo físico, se unen más íntimamente por el compromiso mutuo en un proyecto con vocación vitalicia.
El amor ha estado en crisis, especialmente durante las décadas de los 80 y de los 90, precisamente porque se rechazaba esa idea, y el amor dejaba de ser compromiso. Era más bien en muchos casos capricho momentáneo. Y los expertos cifran en sólo 7 los años que dura el enamoramiento intenso. Hagan cuentas.
Para San Pablo y para los hombres y mujeres de espíritu de todos los tiempos, el amor es un don divino.
Así, San Pablo, en una explosiva apología del amor (carta a los Corintios, que se lee en muchas bodas), dice lo siguiente: “Entre estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor, el amor es la mayor de las tres”.
Además, Pablo, en una afirmación en la que ya parece anticipar el ataque desde el campo científico, dice: “El amor no pasa nunca [...] el don de ciencia dejará de existir [...] pero cuando venga lo perfecto desaparecerá lo imperfecto”.
Por otra parte, muchos son los enamorados que ponen el amor como principal baluarte en la lucha contra la muerte. En El Cantar de los Cantares, una frase preciosa señala: “el amor es tan fuerte como la muerte". La ciencia, por el contrario, en su versión más materialista, no puede concebir la victoria del amor sobre la muerte.
Como conclusión, creo que tanto para el hombre animal racional como para el hombre ser espiritual, el amor es un proyecto estrella, privilegiado, dentro del horizonte vital de toda persona. Proyecto que, por desgracia, no son pocas las veces que no cuaja.

6 comentarios:

Gata Negra dijo...

José, que texto tan técnico, no entiendo nada uff!! Así que no se si lo que voy a decir, tendrá algo que ver con tu entrada.

No creo que hoy día, cuando pensamos en el amor, pensemos en la permanencia de la especie. Eso pasó a la historia. El amor es algo sublime, algo para compartir, un apoyo, una compañía grata...etc. La descendencia está en segundo plano.

La terapia de Rafaela dijo...

José, el AMOR es un concepto tan amplio, aquí lo reduces a la especie, a la evolución, a la reporducción y luego a la Carta de San Pablo, pero el AMOR es un sentimiento universal que encerrarlo sólo en las relaciones de pareja, me quedo corta. Va más allá, me gusta pensar en el amor a nuestros amigos, a tu hermano, a un hijo, a la naturaleza. Demos alas al amor y que se expanda por todo el mundo.... (no me enrollo más) bss

John C. dijo...

yo tambien lei eso de que los expertos ponen fecha de caducidad al enamoramiento en 7 años.Por supuesto no lo creo en absoluto.Sigo empeñado en que un sentimiento no se puede medir,y es cuando menos una bravuconada ponerle fecha de caducidad.

En cuanto a la crisis del amor,más que en los 80 o 90,yo creo que es ahora en este principio de siglo cuando está más de capa caida.No hay más que ver lo que duran los matrimonios,o algunas parejas.

Por cierto,José,como guinda final:usted en muchas entradas suele hacer mención a asuntos religiosos,de una u otra manera.¿es usted la versión maña de Pepe Bono salvando las distancias?

José dijo...

Sí, gata negra, lo que dice sí tiene que ver con la entrada, y es una opinión enriquecedora además.
Por otra parte, es cierto que voluntariamente me he centrado sólo en el amor de pareja, por no tratar un campo demasiado amplio pero que en efecto está ahí.
Y en cuanto a lo que dice usted, john c, quizás mi tendencia a lo religioso sea una deformación profesional por 12 años en colegio de curas. ¡Y ojalá fuera el Pepe Bono aragonés, eso es una gran alabanza por su parte!

Magia dijo...

Y por qué son tantas las veces que no cuaja? pues pq no tenemos todos el mismo concepto del amor, no todos lo vivimos igual y me refiero con esto a cualquier tipo de amor, pero quizá sea en el de pareja al que más exijamos.

María Luisa dijo...

El AMOR con mayúsculas.

El AMOR al ser un sentimiento universal, tendria que estar en todo cuanto hacemos, pensamos y sentimos.

"Cada segundo más grande,
más profundo,
más de mañana"

José Miguel, un texto muy profundo.

Un abrazo.