martes, 8 de abril de 2008

¡BUSQUÉ GRANDES HOMBRES...!

Falta menos de una semana para la conmemoración del 77 aniversario (creo calcular bien, son ya tantos años) de la proclamación de la II República española.
Más que querer en esta entrada enaltecer o humillar un sistema de gobierno concreto, mi propósito es hacer un alegato a favor de la moderación, que debe siempre prevalecer.
“Busqué grandes hombres, pero sólo encontré esclavos de un ideal”. Esta sentencia de Nietzsche me sirve para explicar por qué España tiró por la borda la oportunidad de colocarse como país puntero en Europa y en todo el mundo a partir de aquel 14 de abril.
Los gerifaltes republicanos no pertenecieron al bando de los grandes hombres que dice el filósofo alemán, sino, con excepciones, al de los esclavos. Tenían un ideal que les esclavizaba, ideal que podría expresarse más o menos así: “Sea como sea, caiga quien caiga, la religión católica deber ser arrancada de cuajo de nuestro solar patrio”.
Lo que estaba supeditado a este ideal (minucias como la dignidad, felicidad o promoción del hombre) no tenía cabida en su acción política. Los del bando de los grandes hombres, que los había, quedaron relegados por estos otros radicales.
Lo demás es historia, un ejemplo histórico en el que queda de manifiesto cómo centrarse en un ideal político por encima de la compasión humana lleva al desastre, lleva al hombre a ser un lobo para el propio hombre. Como si ya no tuviéramos bastantes desgracias sin el concurso de nadie más.
Cita Vicente Cárcel Ortí en su libro “Breve historia de la Iglesia en España” un caso escalofriante. El sacerdote de un pueblo fue apresado por un comité local durante la guerra. El sacerdote era tan estimado por los lugareños gracias a su bondad y generosidad con los más pobres que el comité local se vio obligado a solicitar clemencia para el cura a otro comité superior, de carácter central. Debían solicitar esta clemencia porque sus órdenes eran claras: matar a todos los que llevaran sotana. La respuesta de los superiores ambigua no fue: “Ya os ordenamos matarlos a todos, y a los que tenéis como mejores y más santos, los primeros”.
Como se ve en este ejemplo, por desgracia, el ser humano no vale nada, el ideal es sagrado. Esta es la norma general, pues en muchos casos, si el cumplimiento del ideal conlleva penalidades para uno mismo, es fácilmente revisable.
Se supone que los gobernantes tienen como máxima prioridad la verdad y la felicidad de sus ciudadanos, tienen como prioridad el ser humano por encima de cualquier ideal.
¿Es esto así? Salvando las distancias con lo expuesto hasta ahora, podemos pensar en cuáles son los intereses que mueven a Pepe Blanco o Ángel Acebes, por no alejarnos mucho de casa: ¿son los adalides de la verdad, los campeones de la coherencia? ¿o son defensores a ultranza del movimiento político en el que se integran?
Por lo que yo sé, sólo dos países en todo el mundo se han comprometido explícitamente con la primacía del hombre sobre el ideal.
El primer caso es, por paradójico que parezca, Estados Unidos, que en su Declaración de Independencia de 1776, hace constar la búsqueda de la felicidad como derecho inalienable. Incorpora el concepto moral de felicidad al vocabulario político. Lo que quiero destacar es que de esta manera, se requería a los gobernantes para que empeñaran todos sus esfuerzos, y activaran todos los mecanismos de coacción inherentes al poder, con vistas a la realización personal de sus ciudadanos.
El segundo caso es el de Bhután (ver noticia) , pequeño país asiático. Su rey propuso medir la riqueza del país no por el PNB (producto nacional bruto), sino por la FNB (felicidad nacional bruta). Esto supone un cambio de prioridades notable. El objetivo del gobierno nacional es aumentar esa “riqueza-felicidad nacional”. Los dos principales partidos políticos del país aseguran que mantendrán los valores que representa el concepto de la FNB.
Volviendo a España, creo que los republicanos de hoy tendremos que esperar mucho para el advenimiento de la III República. Y esto lo digo por coherencia con todo lo que he explicado: hoy España es un país que va más o menos viento en popa a toda vela. ¿Sería buen momento para jugárnosla sólo para que nuestro ideal sea el caballo ganador?

6 comentarios:

John C. dijo...

Creo que esta semana echan en La Sexta un documental de cosecha propia de la cadena sobre como sería España ahora misma si fuera una república.En una de las hilarantes teorías creo que dicen que Aznar sería primer ministro y ZP,presidente de la República.Sin comentarios.

En cuanto a la República en España como tal,supongo que tuvo luces y sombras,pero en dos veces que se intentó no cuajó y acabó la cosa muy malamente.Me pregunto si es que es la propia idiosincrasia del pueblo español la que no aceptó la formula republicana en un pais con gran tradicion monárquica...a parte de otros factores que contribuyeron a que no calara.

No sé si habrá una III República o no...en cualquier caso no lo verán mis ojos.Las cosas con la monarquia constitucional hay que reconocer que no van mal de todo,¿para que cambiar pues?.Lo que funciona,mejor no arreglaro-ley de murphy,creo-

un saludo

Perreti dijo...

A mi juicio si una característica define al político de hoy en España es la mediocridad. En tales términos, difícilmente creo que vayan a ocuparse ya no de ideales, sino ni siquiera de una coherencia de pensamiento y de facto, pues se encuentran radicalmente envenenados por la permanencia del sillón y especular con intereses generales para intereses propios. Otra cosa es que el hermetismo de tales esferas de poder permitan que nos enteremos.
Lo de Bhután me parece auténtica demagogia, y eso lo digo por algo tan simple como hablar en términos cuantitativos de algo cualitativo. El simple intento de explicación que la misma notica que se linka recoge, me parece simplemente demencial.
En lo que a mi opinión se refiere, el ideal (al cual para no extenderme en demasía presupongo coherencia absoluta, lo que es ya de por sí posiblemente mucho suponer) tiene que ser un referente clave y que para nada tiene por qué estar reñido con el progreso y bienestar, entre otros.
A diferencia de John C., lo cual ya parece empezar a ser sistemático, yo creo que el cambio previamente razonado y argumentado, y para eso se presupone que el ser humano es sapiens, siempre es una buena opción. Gandhi, Martin Luther King, Ernesto Guevara, etc. lucharon por sus ideales. Nobles ideales fundamentados en valores. Creo que cuando el matiz es de esta índole, el riesgo de la apuesta por el cambio es más que asumible.

La terapia de Rafaela dijo...

Conozco poco de historia y para mi es bastante aleccionante tu post. Pero esta frase que escribe: Los del bando de los grandes hombres, que los había, quedaron relegados por estos otros radicales.
España es un pais de radicalidades, todavía el discurso sin consenso tiene mucho exito.

un abrazo

fermín dijo...

Los cambios suceden por el empuje espontáneo de todo el mundo y no por los grandes hombres, quienes no son más que prisioneros de los movimientos y dependen de los demás: teoría de la no libertad de Tolstoi.

Ahora en España hay sólo dos bandos en el poder, si es que el poder les pertenece.

Nosotros pues, con nuestra lucha por sobrevivir, accionamos el motor de nuestro mundo y si la resultante de nuestras fuerzas se dirige al establecimento de un República, allá iremos.

Lo de la búsqueda de la felicidad nacional bruta, bueno, cada uno que se busque la suya, que se busque las castañas y que mueva el mundo. La intención de un gobierno nada puede conseguir, ellos prisioneros de si mismos intentarán cuadrar las cosas o robar o lo que sea.

Magia dijo...

Yo pienso como Perreti y sería tontería decir lo mismo con otras palabras pq el chico se expresa como un libro abierto.....

José dijo...

Precisamente por ser mediocres nuestros políticos y estar radicalizados, no creo que, aunque se presentara la oportunidad, conviniera promocionar un cambio a la República, aunque claro que para mí estaría suficientemente argumentado y justificado.
Los riesgos de enfrentamiento entre partidos y de tensiones nacionalistas no compensarían el beneficio del advenimiento de una necesaria, moderna y acorde con los tiempos República.
Además, ahora mismo no hay ningún político en España, ni de lejos, que tenga el saber estar del rey.
Es por esto por lo que, aun a mi pesar, prefiero continuar con el statu quo.