lunes, 28 de abril de 2008

¡CANASTOS!

Decía en mi última entrada que me da pena olvidarme de pensamientos o reflexiones que leo u oigo por ahí y que me gustaría tener siempre presentes para actuar conforme a ellos.
Me llegó una historieta en un powerpoint acerca precisamente de esa tendencia a olvidarse de ese tipo de cosas que nos gustaría retener con más ahínco.
La actual entrada cuenta esta historia, y es pues una especie de anexo de la anterior.
Pese a que la historia trata sobre la Biblia, es igualmente válida para todo tipo de lectura o de comentario que se oye por ahí.
La historia en cuestión trata de un niño que vive con su abuelo. Cada mañana, el abuelo se sentaba temprano en la mesa de la cocina para leer su vieja y estropeada Biblia. Su nieto, que quería ser como él, lo imitaba leyéndola también.
Un día el nieto preguntó: "Abuelo, yo intento leer la Biblia, me gusta pero yo no la entiendo, y lo que logro entender se me olvida en cuanto cierro el libro. ¿Qué hay de bueno en leer la Biblia?”.
El abuelo calladamente dejó de echar carbón en la estufa y dijo: "Baja el canasto de carbón, ve al río y tráeme un canasto de agua."
El muchacho hizo tal y como su abuelo le dijo, aunque toda el agua se salió antes de llegar a casa.
El abuelo se rió y dijo: "Tendrás que moverte un poco más rápido la próxima vez”, y lo envió nuevamente al río con el canasto para que volviera a intentarlo.
Esta vez el muchacho corrió más rápidamente. Pero de nuevo el canasto estaba vacío antes de llegar a casa. Ya sin respiración, le dijo a su abuelo que era imposible llevar agua en un canasto, y que iba a cambiarlo por un balde.
El anciano dijo: “Yo no quiero un balde de agua. Tú puedes hacer lo que te pido, pero no te estás esforzando lo suficiente," y salió a la puerta para ver el nuevo intento del muchacho.
A estas alturas, el muchacho sabía que era imposible lo que se le pedía, pero quería mostrar a su abuelo que aun corriendo tan rápido como podía, el agua se salía antes de llegar a la casa.
Así ocurrió, y ya sin poder respirar, dijo: "¡Mira Abuelo, es inútil!"
"¿Por qué piensas que es inútil?” dijo el anciano, "Mira dentro del canasto".
El muchacho miró el canasto y por primera vez comprendió que el canasto parecía diferente. En lugar de un sucio canasto carbonero, estaba limpio.
"Hijo -dijo el abuelo- esto es lo que pasa cuando tú lees la Biblia. Tal vez no puedes entender o recordar todo, pero cuando la lees te cambiará el interior”.
Hasta aquí, la historia. Espero que les haya gustado tanto como me gustó a mí.
Hay que tener en cuenta que el relato está contado en clave religiosa, y por tanto, que no sólo lo que parece olvidarse, sino incluso lo que no entiende, va a dejar huella. Obviamente, en el mundo más terrenal lo que no entiendes va a ser difícil que te deje huella. Sin embargo sí que hay que esperar que las buenas lecturas, conversaciones, etc. te vayan cambiando por dentro aunque tú mismo no te des cuenta.

8 comentarios:

John C. dijo...

Muy buena la historia,por supuesto la desconocía.Eso sí,el abuelo ese un poco cabroncete sí que es,la verdad sea dicha.Aunque el mozalbete tampoco le dió al tarro.

Y ahora la parte seria:es cierto que hay cosas a lo largo de la vida que calan en uno sin saber uno porque o como y a veces ni siquiera cuando.La duda que me asalta es:¿no pierde un poco la gracia el no saber porque unas cosas calan en uno?.Quiero decir que eso que es espontáneo,como sin querer,de algun modo tendría que provocar el pensar en ello en buscarle una explicación,en darle vuelta al asunto...claro que de esta manera tambien perdería un poco la "gracia".

fermín dijo...

El que algo nos cale o no dependerá nuestra fisiología y estímulos recibidos.
Su interacción conllevan a nuestra interpretación de las cosas, que para nosotros ocurre de una forma rápida e inconsciente, un trabajo de nuestro cerebro, automático como un ordenador.
Después tenemos los cambios fisiológicos en el cerebro: la memoria a largo plazo y la memoria a corto plazo. En función de su eficacia seleccionaremos los que nos convengan, más o menos inmersos en nuestros recuerdos superficiales.

Magia dijo...

No hay tiempo perdido en el arte de aprender, sea lo que sea en algún momento de nuestra vida nos servirá para algo.....

Magia dijo...

No hay tiempo perdido en el arte de aprender, sea lo que sea en algún momento de nuestra vida nos servirá para algo.....

Gata Negra dijo...

Yo no creo que sea así de sencillo, estoy con Fermín, depende de como y cuanto nos "afecte" lo leído o experimentado para sacarle un provecho en algún momento en nuestro futuro.

:)

José dijo...

Yo creo John, que están las dos modalidades. En la primera, te das cuenta de que algo te ha impactado profundamente, e incluso lo recapacitas, y en la segunda, no te das cuenta en absoluto y no reparas en ello.
Fermín, dices que "en función de su eficacia seleccionaremos los que nos convengan". Eso de en función de su eficacia suena mucho a supervivencia, yo creo que lo que nos va a dejar huella se selecciona más bien por los intereses, experiencias personales, profesión... del individuo en cuestión, más que por cuánto le vaya a ser después de eficaz.
Es cierto, gata negra, que una misma cosa puede impactar mucho a una persona y nada a otra, en función precisamente de lo dicho anteriormente.
Magia, tu comentario me recuerda una historia en la que un hombre decía: "si tuviera varias vidas, en la primera aprendería matemáticas y astronomía, la segunda la dedicaría a aprender orfebrería, carpintería y filosofía, la tercera...", siempre aprender más y más, que nunca caerá en saco roto.

La terapia de Rafaela dijo...

Jose: a mi me pasa algo parecido que a ti, hay tantas cosas que leo, y luego me parece que no retengo, pero... he descubierto que en aquellos temas que voy profundizando, cada vez conozco mejor los conceptos. Y aquellas cosas que despiertan la curiosidad, o te dejan pensando... claro dejan huella.

José dijo...

Sí, eso es verdad, pero siempre hay cosas que se te escurren entre los dedos...bueno, si retuviéramos todo seríamos como ordenadores, que tampoco es plan.
Bss!