sábado, 17 de mayo de 2008

EL PRÍNCIPE DE LA CENICIENTA

Decía en una entrada anterior titulada “La cenicienta del cuento” que la personalidad era precisamente eso, la cenicienta del cuento, cuando se hablaba de los factores a tener en cuenta para lograr la felicidad. Salud, trabajo, amor, dinero, cultura, etc. están en boca de todos, pero nadie habla de la personalidad.
Pero hete aquí que viene el príncipe a salvar a la Cenicienta. ¿Quién es ese príncipe que dice: “no, no busquen más por todo el reino, que es la personalidad a la que andábamos buscando como factor decisivo de la felicidad”?
Pues el príncipe son los padres y los educadores que, conocedores de la importancia de la personalidad, ocupan y dirigen todos sus esfuerzos a lograr en los educandos una personalidad lo más virtuosa posible.
Una acepción de la palabra “tutor” se refiere al palo que se ata a una planta para que ésta crezca recta, buscando las cotas más altas que puede dar de sí. ¡Qué bonito comparar al educador con este tutor botánico! El padre, el educador, se desviven porque la personalidad del niño crezca con rectitud, como debe crecer, y no se asilvestre en un mundo sin normas ni límites.
Y es que, pese a que luego quizás nos hagamos más ilusiones de la cuenta respecto a que es fácil cambiar nuestros patrones emocionales, todos sabemos en el fondo la importancia de la educación en los primeros años de vida. Dice Elsa Punset en una entrevista concedida a Heraldo de Soria (ante la acertadísima pregunta del periodista de si cuando somos adultos podemos cambiar), que el cerebro efectivamente es plástico, se puede cambiar, pero que los patrones emocionales adquiridos en los cinco primeros años de vida marcan mucho. A veces, añado yo, quizás de manera irrevocable (problemas extremos de violencia en esos primeros años, por ejemplo).
A mí me parece que en la sociedad hay una especie de falsa ilusión: “¿qué tiene usted tal problema de adulto? ¡Cambie, es muy fácil, no hay problema!” Esto contrasta sin embargo con la crucial (y merecida) importancia que luego todos y cada uno damos a cómo cuidan los padres a sus hijos, los maestros a sus alumnos y la sociedad en general (televisión, mercado, etc) a los niños. Pues si es tan fácil cambiar, ¿qué más da toda esta educación? Luego ya escogerá el niño a la carta cómo quiere ser cuando llegue a la mayoría de edad. Ojo, tampoco estoy diciendo que sea imposible cambiar, aunque siempre y lamentablemente de manera limitada, en la mayoría de los casos, y allí comparto la idea de mi amigo Perreti de que uno es capaz de cambiar cuando se lo cree, cuando cree en la posibilidad de cambiar.
Todo esto venía a cuento de que la personalidad es clave en la felicidad. Leyendo hace poco el libro “Los estados carenciales”, la autora Ángela Vallvey escribía, inspirándose según ella misma confiesa en Schopenhauer: “Cada uno vive en un mundo diferente según la diferencia de su cabeza. No aspires a la posesión de bienes externos, sino a tener un temperamento alegre y feliz, y una mente sana. Únicamente el estado de conciencia es lo duradero, todo lo demás es pasajero”.
Extraordinario. Esto es, pero en plan bien dicho, exactamente la idea que quería defender en aquella pasada entrada y en ésta. Y repito la frase que también citaba entonces: “La mayor suerte es la personalidad”. Lo demás, cómo te vaya en el trabajo, en el amor, en la salud, desde luego que también son suertes, pero siempre serán “secundarias”.

14 comentarios:

Magia dijo...

Estoy de acuerdo contigo, la personalidad es un factor relevante en toda nuestra vida y esta a su vez se irá forjando en función de la educación recibida así como nuestras vivencias adquiridas, ni que hablar tiene la genética......pero hay algo que no alcanzo a entender...no te habrás pasado dándole al príncipe tremendo papel de educador o tutor?

John C. dijo...

A los padres que malforman la personalidad de sus hijos,bien sea por conflictos,etc,etc,deberían meterlos en la cárcel.Creo que muchos padres no son conscientes de como educan a sus retoños o de que valores les dan y de como afectara eso en el futuro.Y lo mucho que se juegan en esa tarea,casi,casi la vida.

Despues vemos lo que vemos,y los padres escurriendo el bulto.Ya,hombre,ya.Aunque eso tampoco quita responsabilidad a los hijos que crezcan torcidos..los cuales tampoco se pueden ir de rositas.

José dijo...

Magia, no entiendo la última pregunta, me la puedes detallar?.
John, estoy de acuerdo en que habría que hacer un marcaje más férreo a los padres. De hecho, no creo que sea muy constitucional, pero yo obligaría a todos los que van a tener niños a un cursillo básico de cómo educarlos. No sería perjudicial para los padres y el beneficio para los hijos podría ser infinito.

La terapia de Rafaela dijo...

Estimado JoseMi: no estoy de acuerdo contigo que lo principal es la personalidad, es hablar de una armadura que te contiene como ser humable y no modificable?
y si es una personalidad psicótica, con adicciones que no puede dominar...? neurótica que hace daño a si mismo...???
Si estoy completamente de acuerdo en que desde que el ser humano nace hasta que completa su desearrollo evolutivo (10 o 11 años) y su razonamiento abstracto.
Lo de obligar a los padres a dar un cursillo: me parece bien, pero si en ese cursillo estás en contra de lo valores que tengan esos padres? (religiosos, morales, etc...? Y crees que no han existido ya instituciones que lo hacen (mal a veces, pero lo hacen) como en los colegios católicos (que conozco muy bien). Y quién educa a los educadores?
Y ahora como madre: te pregunto, tu crees que si alguna vez me he equivocado en la educación de mi hija, y seguramente si (porque no somos infalibles) me ha dolido y preocupado mucho muchísimo.
Te invito a que desgloses este tema con más profundidad y adémás que expongas una teoría de la personalidad. Porque por sí sola la personalidad... es una armadura habrá que ver si buena o mala

sl2

La terapia de Rafaela dijo...

Ah por cierto he revisado el enlace de "Los estados carenciales" esta autora propone en clase una terapia de grupo... buena idea, me gusta.
Hay educadores preparados para esto?

José dijo...

Los valores a enseñar en los cursos tendrían poco o nada que ver con la religión o la moral. Más que valores, se trataría de enseñar principios psicológicos que se hayan comprobado positivos en la educación del niño (por ejemplo, enseñar cómo es adecuado castigar a un niño: que el castigo sea razonado, proporcional y todo eso).
Los que impartieran estos cursos serían psicólogos especializados en educación, que se basarían en principios científicos.
Por supuesto que cuando un padre se da cuenta de que se ha equivocado le duele mucho. No digo nunca lo contrario, pero con estos cursos se evitarían precisamente esas pifias que nadie desea.
Con respecto a lo del grupo de terapia del libro "Los estados carenciales", un protagonista del libro tiene lo que él llama una academia, donde intenta imitar las academias griegas en que se buscaba la verdad y la felicidad. Esto no existe hoy, salvo en asociaciones como el teléfono de la esperanza que sí tienen grupos de terapia para problemas de autoestima, de alcoholismo, etc, pero siempre para gente con un problema concreto.
Lo que dices de la personalidad como armadura no lo entiendo muy bien, pero la próxima entrada la pensaba dedicar íntegra a la personalidad, recojo tu guante ;), no sé si exactamente es una teoría, pero creo que es interesante.
Gracias por tu interés en la entrada.
Bss!

La terapia de Rafaela dijo...

me encanta hablar de estas cosas contigo Josemi:

De todas formas en la universidad de Psicología dicen que el "castigo es el último recurso a utilizar con niños con problemas" imagino que igual a los educadores les matizan estos consejos.

No creo que esté la solución allí, las personas siempre damos una interpretación personal de los "principios científicos" porque sería como una escuela de "conejitos de india" me preocupa la utilización de estas cosas, siempre pueden resultar cuanto menos peligrosas. Pero también es cierto que una academia como la época de los griegos "estaría restringida" a unos pocos no... imaginate en el mundo de hoy... no sé en qué buenas manos estamo. Todo esto me hago preguntas.
Me alegro mucho que escribas sobre personalidad. Me refiero que dar unas características fijas de personalidad basadas en estudios que se basan en muestras, costumbres etc, sería como meter a un sujeto que no conoces de nada dentro de una armadura "tipificarlo" y al etiquetarlo y tipificarlo dejas de tratar a la persona individualmente, generalizando a un grupo... no sé... no sé. Por mi parte, dire: que parezco como todo el mundo, pero no soy como todo el mundo"
continuo leyendote compi

Hay varias teorías de la personalidad,

Magia dijo...

Tú has dicho que la personalidad era la cenicienta del cuento y que el príncipe era el educador...yo creo que el papel de educador es un papel muy pretencioso para un simple príncipe...quizá el papel se lo daría a la hadamadrina........o me estoy equivocando de cuento?

Paola dijo...

hola cuanta razon tienes es verdad la vida es como lacenicienta como este cuento que de niños nos encnataba leerlo y que nos lo cuenten inaginarno una historia magica ahora convertida en realidad ..
cuidate beos
me gusta tu blog

Paola dijo...

ES RELINDO AIS ES LA FRASE
ESPEORQUE ESTESBIEN

Gata Negra dijo...

Yo no voy a opinar sobre esto de la personalidad, considero que tengo ponga (no se admiten comentarios al respecto) Así que solo dejo una frase para hacerme notar un poco, y que se vea que participo :D:D:D

“Nuestra personalidad es el resultado de nuestra conducta”. Aristóteles.

José dijo...

Rafaela, estoy de acuerdo en que el castigo es el último recurso para niños con problemas, en el sentido de que por ejemplo para un niño con problemas familiares será prioritario tratar de solucionar dichos problemas.
Pero es también verdad que más pronto que tarde se agotan todos los recursos educativos, y los problemas (por ejemplo familiares) tienden a persistir, y hay que castigar.
Reconozco que en este aspecto, salvo lo dicho al principio, soy bastante conductista: buen comportamiento conlleva premio, mal comportamiento conlleva castigo.
Una academia platónica hoy en día parece bastante impensable. En el libro de "Los estados...", el acceso a la academia no es restringido, entra quien quiere. Eso sí, el director acaba desquiciado por lo burra que es la gente que va, y cierra el chiringuito.
Con respecto a lo de la armadura, que tipifica, estoy seguro de que tú sabes más que yo sobre ese tema, pero fíjate que la primera definición del DRAE sobre la palabra "personalidad" dice precisamente: "Diferencia individual que constituye a cada persona y la distingue de otra". Como dice Serrat, "cada cual es cada cual, y baja las escaleras como quiere".
Me has dejado con la miel en los labios, con la última frase que has dejado sin acabar ;)
Magia, yo de cuentos mal, pero sí que creo que sale el hada madrina en éste...entonces igual podía ser ella la educadora, que también se preocupa mucho por la cenicienta.
Paola, me alegro de que te guste el blog.
Pues gata, tu intervención ha sido muy constructiva: interesante y cierta frase. Para pensar sobre ella. Sigue, como dices, haciéndote notar, y si puede ser, más que un poco ;)

Paola dijo...

porque no actualizas?

José dijo...

Estamos trabajando en ello ;)
(Es una frase que aquí en España se usa con sorna porque una vez la dijo Aznar)