jueves, 6 de noviembre de 2008

CONDENADOS A SER LIBRES ( II )

Pues sigo donde lo dejé en la última entrada. Antes de nada, decir que el capítulo del programa de Redes puede verse íntegramente aquí (es el tercer vídeo de la página). Se titula “Libres y conscientes, pero infelices”.
Además, Pierre Magistretti, el invitado del programa, tiene un libro publicado sobre este tema específicamente: “A cada cual su cerebro. Plasticidad neuronal e inconsciente”.
Dejamos el tema afirmando que las decisiones son tomadas mediante procedimientos inconscientes. Esto arroja una sombra de duda sobre nuestra capacidad de ser libres pues el inconsciente tiene tendencia a reeditar nuestras experiencias, basándose en creencias fuertemente arraigadas en nuestro interior.
La conciencia quedaría reducida a ser aquello que nos permite darnos cuenta de lo que el inconsciente ya ha decidido hacer.
Es por causa del inconsciente que en ocasiones nos resulta tan difícil cambiar. Sin embargo, debemos estar tranquilos: “El hombre está condenado a ser libre”, dijo Jean Paul Sartre.
No estamos programados totalmente. Nuestras vidas pueden y deben ser un continuo des-aprendizaje y re-programación.
La esperanza radica en que nuestras experiencias son capaces de cambiar nuestra arquitectura cerebral, la conexión entre las neuronas. Dicho de otra manera, algunas huellas de la experiencia pueden reasociarse. Ello nos llevará a pensar y sentir de maneras diferentes. Éste es el concepto de plasticidad cerebral.
Estamos programados para no estar programados, si bien deberemos ser conscientes de esta facultad de la plasticidad cerebral para emplearla a nuestro favor y poder así llegar a ser libres.
Las experiencias cambian pues nuestra personalidad. Ésta es una idea que resuena ya desde los griegos clásicos, y que se mantiene y corrobora hoy en día.
¿Cuál es pues el modo de tomar el mando de nuestras vidas?
En principio, se supone que la panacea es la acción, procurarnos experiencias agradables. El problema, desde mi punto de vista, es que muchas veces no es tan fácil como parece pasar a la acción. Por ello tendremos que abordar el problema desde un punto de vista indirecto. Ésta es mi personal receta para tratar de abordar el cambio:

1. Ataque a las creencias erróneas del inconsciente:
1.1 Mantener un esfuerzo sostenido para observar lo que pensamos, lo que sentimos y cómo actuamos. Es decir, hacer consciente lo inconsciente. Una vez que se identifican creencias erróneas se sustituyen por otras más acordes con la realidad.
1.2 Fomentar optimismo. Reformular las ideas negativas sobre el futuro personal. Como dice Suzuki en su libro “Mente Zen. Mente de principiante” (gracias por la recomendación, Rafaela), uno puede estar en la cama antes de levantarse oyendo la lluvia y preocupado por si esa lluvia continuará cuando se levante y salga a la calle. Sin embargo, la actitud correcta es disfrutar con ese sonido y no agobiarse pensando en el futuro, que no se sabe cómo va a ser porque todo está en cambio constante.
2. Practicar habilidades mentales: yoga, tai-chi, respiración, relajación, etc. Está demostrado que estas practicas favorecen la plasticidad neuronal (para conocer más sobre estas técnicas se puede consultar este excelente blog).
3. Experiencias positivas. Procurarse, en la medida en que se pueda, experiencias positivas, partiendo de las más sencillas: salir al cine, disfrutar de una velada con los amigos, etc.
Resumiendo las dos últimas entradas, los genes brindan un esquema general sobre cómo será nuestra vida, el ambiente estructura nuestras conexiones neuronales. Finalmente, nuestro consciente puede dirigir de algún modo la reestructuración de dichas conexiones.

12 comentarios:

Perreti dijo...

¡Qué entrada más buena Sr. Pisa! Bien documentada y complementada con su impresión personal. Enhorabuena.
Así mismo, en lo que a su receta se refiere, ciertamente, la encuentro acertada en su totalidad. Por hacer una matización, o un resumen de la misma, señalar que lo que hay que hacer es vivir y reflexionar sobre lo vivido. Pero sin agobios, ¿eh?
Saludos.

Ojoavizor dijo...

El inconsciente es la fuerza salvaje de "nuestro lado oscuro". Allí residen los instintos, y se depositan todos nuestros temores y todo lo que no queremos recordar, para no sufrir. Alli se oculta todo lo que nos averguenza. También es la fábrica de nuestras reacciones.
La conciencia, por su parte, es el ámbito de la lógica. La suma y resta perfecta, a la que aspiran nuestros actos, para justificar nuestras acciones. El inconsciente jamás hará caso a la conciencia. Siempre la desbordará, salvo que el ser humano desarrolle debidamente ese maravilloso tercer nivel de aprehensión de la realidad, explicado magistralmente por el gran Bertrand Rusell: la espiritualidad.
Ella es la única que puede controlar a nuestro inconsciente, ya que participan de un mismo mecanismo: "la percepción". Mientras más desarrollemos nuestra percepción espiritual
nuestras REACCIONES instintivas propias del inconsciente, se convertiran en ACCIONES de amor, propias de la espiritualidad.

Muy buen post, mi estimado José. Como siempre.

Ojoavizor

majo dijo...

no se si me he perdido o no me he encontrado, pero mas menos estoy.
insisto como en mi comentario anterior, que a mi me es mas facil, ver "lo inconsciente" de los otros que de mi misma.
Ayer alguien me insistia que me habia puesto histerica y yo insistia en que no, que estaba tranquila (relei un log 25 veces y no cambie de opinion).
Con esto quiero decir.
sobre el papel esta todo perfecto, maravilloso y facil.
en la vida real diaria...... a las veces, oiga, y la balanza no suele estar equilibrada
me encanta el post.
un beso

La terapia de Rafaela dijo...

me ha encantado esta entrada, creo que será la primera vez que no te pondré "pegas", vaya sorpresa te has leído Mente Zen!!! A mi me gustó tb, además tu resumen al final es concreto, fácil de entender y va muy al punto, ´miraré el programa desde casa porque aqui en la ofi no tengo audio
bss y buen fin de

John C. dijo...

Después de estos dos posts,creer en el libre albedrío-ese don que tenemos todos de serie-ya me suena un poco más complejo.

Si al final resulta que todo es una lucha entre lo consciente y lo inconsciente,la mejor conclusión que saco es que eso nos hace,cuando menos,como seres humanos unos tipos de lo más contradictorios.Quizás eso sea la "gracia" de la vida:encontrar un equilibrio entre esas dos cosas.

José dijo...

¡Muchas gracias, perreti! ¡Qué alegría tenerte por aquí, y además de comentarista, un lujo!
Yo personalmente encuentro un hueso duro de roer en esas tres palabras: "pero sin agobios". ¡Tengo tendencia (no sé si natural o no) al agobio!
Un saludo!

José dijo...

Hola Ojoavizor, gracias por tu comentario. ¡Qué bueno oír (o leer más bien) de nuevo tus palabras, que siempre son sabias!
Esto que dices de la percepción espiritual para tener más en cintura a nuestro inconsciente me recuerda al experimento que hicieron los científicos con los monjes tibetanos. Los científicos llegaron a la conclusión de que los monjes, al meditar espiritualmente, aumentaban las conexiones neuronales en las áreas del cerebro encargadas de la compasión, y en general, como dices, del amor.
Supongo y espero que aunque la meditación o relajación no sean marcadamente espirituales tengan al final los mismos efectos.
¡Saludos!

José dijo...

Gracias, majo.
Te doy toda la razón en que una cosa es exponer las cosas en teoría, con la racionalidad trabajando tranquilamente, y otra muy distinta los desequilibrios que se generan en la vida diaria, donde el inconsciente entra más en acción provocando en nosotros contrariedades.
¡Besos!

José dijo...

Gracias por todo lo que dices, Rafaela.
Fíjate que no me pones pegas y yo, como ya comenté en la anterior entrada, pensaba que este tema iba a ser mucho más polémico. ¡Mejor así!
El libro bueno, me lo he leído como yo me suelo leer los libros, a mí manera, o sea, a cachos, a saltos. Pero en conjunto ha sido muy interesante.
Este capítulo de Redes merece la pena, o sea, que si puedes, te recomiendo que lo veas, te gustará. Lo dicho, es el tercer vídeo en el sitio web del enlace que pongo.
¡Besos! ¡Buen finde!

José dijo...

Gracias por tu comentario, john. De eso debe de tratarse, de encontrar el equilibrio entre lo consciente y lo inconsciente, en lugar de que estén todo el día, y todos los días, tirándose los trastos a la cabeza.
El libre albedrío estoy de acuerdo en que viene de serie, pero a veces no sabemos encontrarlo y podemos pensar que no lo tenemos. Además, creo que requiere mucho esfuerzo y constancia hacer algo de utilidad con él.
¡Saludos!

Amelie dijo...

Me ha gustado mucho tu entrada, hace días que la leí, pero no he tenido tiempo de comentártela hasta ahora. Tampoco es que tenga nada importante que decir.

Yo siempre digo que el corazón tiene razones que la razón no entiende (insconsciente/consciente).

Sobre "tu receta", intento cumplirla al pie de la letra, sobretodo el punto 3 ;)

Besos.

La terapia de Rafaela dijo...
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