jueves, 31 de enero de 2008

LA RESILIENCIA

Por Dios, que es ésta una palabra horrible. Sin embargo, y como veremos, a todo el mundo le gustaría tener la capacidad que define.
La resiliencia es la capacidad que tiene un individuo de no sentirse acongojado por los problemas y hacerles frente con resolución y valentía. Además, el individuo resiliente se repone pronto de los fracasos.
Este término psicológico es de aparición muy reciente, y proviene del campo de la mecánica. Así, la resiliencia en ese campo define la capacidad que tiene un cuerpo de volver a su estado original después de haber sido deformado. Por ejemplo, una esponja tendría una resiliencia casi inmejorable.
Tenemos también un término más complejo, la resiliencia relacional. Esta resiliencia se refiere a la red social (familia, amigos...etc.) con que una persona cuenta para, primero, que le ayuden a resolver sus problemas con éxito, y segundo, que le ayuden a reponerse de un posible traspiés.
La resiliencia es un término de origen anglosajón que viene a significar lo que en nuestras latitudes se ha descrito de toda la vida como una persona con recursos, con tolerancia a la frustración.
Está muy claro que no todas las personas nos enfrentamos con el mismo talante a los mismos problemas. Lo que algunos sabios griegos ya afirmaban instintivamente sobre el particular está hoy plenamente consensuado y constatado: no importa el problema, sino cómo nos tomamos nosotros el problema, y los recursos que tenemos para afrontarlo.
La resiliencia me parece una de las cualidades psicológicas fundamentales. Si lo pensamos bien, teniendo esta cualidad, cómo me vayan las cosas es poco importante. Por el contrario, sin tener tolerancia a la frustración y el fracaso, todo lo que nos ocurra se nos va a apoderar.
Me parece cualidad importante porque está muy relacionada con la valentía, y Nietzsche dio mucha importancia a ésta al responder a su propia pregunta acerca de lo que es bueno: “ser valiente es bueno”. Además, el valor es una virtud universal, pues no ha habido civilización que no lo haya fomentado. Estos dos motivos encumbran al valor a la cima de las virtudes humanas. Si me dieran a elegir una virtud para una eventual próxima vida casi sin duda que escogería la resiliencia. Sólo la autoestima puede comparársele.
¿Quién no quisiera ser resiliente en grado extremo? Yo querría ser incólume frente a la adversidad. Teniendo esto, vengan fealdad, pobreza y lo que sea, que ande yo caliente, ríase la gente.
Supuestamente existen herramientas o técnicas para la mejora de la resiliencia en las personas. Las personas interesadas en el tema pueden consultar el libro de Donald Meichenbaum titulado “La inoculación del estrés”. En primer lugar diré que no entiendo por qué se llama así, si por alguna ironía o por error, pues yo entiendo que inocular estrés es aumentar el estrés, y vaya de retro cualquier libro que eso nos proponga. En segundo lugar decir que yo lo consulté y me decepcionó, pero quién sabe, para gustos los colores. Aun con lo anterior, lo sigo recomendando porque es José Antonio Marina quien lo recomienda, y donde hay patrón no manda marinero.
En todo caso, soy bastante escéptico en relación a estas vías que nos hagan aumentar nuestra resiliencia. A mí se me antoja (dentro de mi línea pesimista, dirán algunos con no poco acierto) que es una cualidad que nos toca en la lotería familiar (o del lugar donde nos hayamos criado) que permanece difícilmente alterable durante el resto de nuestras vidas, pero ésta es una apreciación personal no contrastada.
Se habla mucho también de la resiliencia a la hora de trabajarla en la escuela. Sí, no sé por qué me da que hoy por hoy esta virtud está un poco dejada de la mano de Dios.
Por último, decir que el polo opuesto de la resiliencia, de la rasmia para perseverar, es la indefensión aprendida. El resiliente piensa que con su voluntad y esfuerzo puede lograr mucho, mientras que el que ha contraído el virus de la indefensión aprendida se siente un juguete del destino. ¿Quién de los dos tiene razón? Pues el que se considera potente para cambiar su suerte lo es realmente, y el que se cree impotente para ello lo es también realmente. Esto podría parecer muy positivo en un principio: qué bien, ya sólo me queda cambiarme de orilla, pero ¿es eso posible realmente? La respuesta está en el aire.

sábado, 26 de enero de 2008

¿CONVENCIMIENTO, PERSUASIÓN O MANIPULACIÓN?

Tengo a mi madre ingresada en el hospital por una enfermedad grave pero no mortal. Mi madre, que es algo miedosa, estaba ya antes de ingresar un poco harta del tratamiento médico, que tiene incómodos efectos secundarios, y por ello se mostraba reacia a continuar con él. Hete aquí, que en este momento me preguntó mi hermana qué era lo que yo pensaba sobre la conveniencia de que continuara o no el tratamiento.
A mí en principio me pareció que la repuesta correcta era delegar la decisión en mi propia madre, que aunque ya no es una jovencita está en perfecto uso de su razón. Me pareció incluso que los médicos se lo dirían directamente a ella. Sin embargo, mi hermana creía que la decisión la debíamos tomar nosotros. Mi sorpresa fue comprobar que entre el personal médico también había discrepancias, y así, mientras uno de los facultativos se mostraba partidario de continuar con el tratamiento médico sin que la paciente lo supiera, el otro afirmaba que llegado el caso la informaría directamente.
A mí esto en principio me sorprendió mucho, pues no entendía por qué no tenía mi madre derecho a saber que se le estaba aplicando el tratamiento, pero cavilando algo más es cierto que me pareció una cuestión peliaguda, que se extiende además a muchos ámbitos: ¿Tienen los menores derecho a decidir? ¿Sobre qué aspectos? ¿Puede sancionar el Estado por normas que, en caso de ser incumplidas, sólo perjudican al infractor? ¿Hasta que punto tiene el márketing económico o político derecho de persuadirme? ¿Cuándo pasa de ser admisible persuasión a ser manipulación? ¿Puedo tratar de convencer a alguien de que haga algo que yo quiero que haga? ¿Sólo cuando le beneficia a él o también cuando sólo me beneficia a mí? ¿Tengo derecho a poner fin a mi vida sin que me molesten?
En mis cavilaciones además, me di cuenta de que mis posiciones sobre el derecho a decidir libremente por parte del individuo variaban en función de los casos concretos, hasta perfilar una incoherencia que revelaba más una improvisación según los casos que un razonamiento estructurado.
En este punto, me parece oír la voz del gran Eduardo Punset: José Miguel, ¿de qué te asombras? A nuestro cerebro no le interesa la verdad, sino la supervivencia. El cerebro se adaptará al caso y a nuestro gustos personales y emociones más que al razonamiento teórico, la coherencia y la racionalidad.
Me gusta decir que en mi juventud fui colectivista: el concepto de colectivo me fascinaba. Para mí, en aquella época, el individuo debía someterse completamente al interés general. Que uno quiere imprimir Biblias... no mira, le diría el funcionario, mejor que imprimas libros de Educación para la Ciudadanía que este año gobierna el PSOE y hacen más falta.
Tiempo después de mi época comunista (ojo: Izquierda Unida, espejo de los comunistas europeos, flor del proletariado internacional, decía de la mano de su coordinador general Julio Anguita que los empresarios debían ser dirigidos en su producción, porque ellos mismos no sabían qué producir. Hace menos de 15 años, y el 10% de votos) tuve una breve etapa libre-pensadora y anarquista, en la que, por ejemplo, estaba a favor de la legalización de las drogas. Total, con el tabaco también se mata el fumador y le dejamos tranquilo (salvo por las molestias del humo, que no tiene nada que ver). Sin embargo, comentándolo con un amigo me dijo que el motivo por el que no están legalizadas todas las drogas es por el enorme grado de destructividad de algunas de ellas (heroína, crack...). Su argumento me pareció muy convincente, pero ¿dónde poner el límite de drogas suficientemente destructivas como para arrogarnos el poder de prohibir unas y permitir otras?
Por fin, recalé en una etapa social-demócrata, en la que ahora me encuentro, la más cómoda sin duda (¿será esto buen síntoma?), en la que trato de combinar el interés general con la libertad individual. Me apunto a medidas económicas liberales de la derecha pero también defiendo las prestaciones sociales de la izquierda.
Hay más ejemplos en los que el Estado se entromete en la libertad de cada individuo. Tenemos así el caso de la conducción peligrosa. Es evidente que un conductor no puede ir en dirección contraria, pero ¿por qué tiene que llevar el cinturón de seguridad? ¿no es perfectamente legítimo que le respondiera al agente que me está multando por ese motivo: “oiga, yo con mi vida hago lo que quiero, y si quiero romperme la crisma me la rompo”. Aquí queda de manifiesto un casi literal papá-estado. No obstante, también en este punto hay fuertes motivos para su regulación legal, pues el número de muertes por no llevar el cinturón de seguridad era alarmante.
Después tenemos el suicidio. En un principio, la idea que me viene a la cabeza es que si una persona ha decidido morir tiene el perfecto derecho a hacer con su vida lo que quiera. Pero una vez más, las insidiosas dudas aparecen en el otro individuo salvador potencial del suicida: ¿No será un mal momento que perfectamente podrá superar? Y el problema es que de los errores se aprende, pero de éste, a menos que falle, no parece factible que se aprenda nada, es del todo irreversible. Siempre me ha parecido que hay dos tipos de suicidas: el suicida con vocación (parafraseo a Joaquín Sabina en unas de sus canciones) y el suicida sin vocación. Al primero si le salvas la vida es muy probable que sólo vayas a conseguir fastidiarle, pero el segundo te podría estar eternamente agradecido. El problema en este caso es que si ves a alguien tirarse al río no va a llevar escrito en la cara a qué tipo pertenece, y además habrá tenido la desconsideración de no dejar un papel explicándolo.
Hay casos más cotidianos. Por ejemplo, a los niños y adolescentes parece conveniente ponerles bastantes condicionantes a la “libre expresión de su creatividad”.
Hay personas que también son más proclives a intentar convencer o persuadir a los demás de que hagan lo que ellos quieren, mientras que otras te dejan libertad de elección sin decir “esta boca es mía”. Al fin y al cabo, el concepto de manipulación es muy ambiguo. Un político me manipula al lanzar sus arengas políticas, haciendo todo lo posible para que le vote. En otro grado, un supermercado pone una musiquilla determinada para que vaya más lento o más rápido según les convenga. Y en un último grado, ¿no exponemos nuestros argumentos de la manera lo más seductora posible para llevarnos el gato al agua con nuestro interlocutor?
Aparte hay otra dificultad. A los 18 años 0 meses 0 días se acabó toda imposición y se llega a la autonomía absoluta. Es así en los casos penales de menores, aquí ponemos un límite muy concreto, mientras que quizás sería mejor considerar la edad mental o madurez del delincuente juvenil (o infantil).
En conclusión, tenemos que hacer un buen uso de nuestra libertad individual, y sobre todo, imponerles límites a nuestros hijos para que un día puedan ejercer también ellos responsablemente esa libertad.

martes, 22 de enero de 2008

COLESTEROL EMOCIONAL

Hace poco leí en un periódico gratuito las respuestas que daban personas de la calle a la pregunta: ¿Se ha marcado algún propósito para 2008? Aparte de lo ya tradicional, como adelgazar, dejar de fumar y similares, había respuestas que me llamaron la atención. Así, Agustín hablaba de un viaje a Argentina, Fermín quería irse a Groenlandia y un tal XY quería irse a Estados Unidos.
Si les hubiéramos hecho la misma pregunta a nuestros abuelos, o incluso a nuestros padres, creo que las respuestas habrían sido muy distintas: llegar a fin de mes, que Dios nos guarde la salud...en una palabra, sobrevivir, objetivo fundamental de toda especie animal (sólo superado por el de transferir los genes por medio de la reproducción).
Hace unas décadas los españoles tenían una preocupación esencial: comer todos los días. También hoy en el Tercer Mundo es el objetivo de miles de millones de personas. Sin embargo, una cantidad muy pequeña de personas tenemos la suerte de tener nuestras necesidades básicas cubiertas y poder dedicarnos a otros menesteres.
No obstante, cuando tenemos las necesidades básicas cubiertas corremos un serio peligro, una amenaza mortal: la enfermedad mental. Es muy conocida la expresión que dicen las personas sanas a las deprimidas: “si tuvieras que buscarte las lentejas qué pronto espabilarías”. Pues es verdad, o al menos habría sido verdad si hubiera sido así desde el principio de la vida de cada uno.
En caso de necesidad el cerebro se centra en dos prioridades absolutas: sexo y comida. La transmisión efectiva de los genes a la próxima generación no es un objetivo ambiguo, no hay tiempo para pensar en el sexo de los ángeles.
Me parece que era Fernando Savater (si no era él, que me disculpe) quien decía que hoy hay una especie de colesterol emocional, que no físico, en el funcionamiento de los humanos. Estamos hastiados, estamos más que satisfechos de todo. Así, la magnífica y decisiva ventaja sobre otras especies, el cerebro y la conciencia sofisticada, se puede volver en nuestro principal enemigo.
En nuestras sociedades occidentales, el cerebro se halla perdido, ya tiene todo hecho, ¿a qué dedicarse entonces?
Ya no hay una motivación clara que mueva en una dirección pero, ¿cuál es la motivación esencial del hombre, de manera espontánea? Veamos lo que dicen las personalidades de la psiquiatría.
En primer lugar, Freud afirmó que el placer es la motivación fundamental del hombre, especialmente el placer sexual.
Después, Alfred Adler cambió esa voluntad de placer por una voluntad de poder, y por último, Víctor Frankl afirmó que la primera fuerza motivadora del hombre es la lucha por encontrarle un sentido a su propia vida (la voluntad de sentido).
Es evidente que Freud estaba equivocado. Si fuéramos todavía animales desprovistos de conciencia, sin duda que estaría en lo cierto: el animal no humano se guía por sus instintos. Además Freud lo relacionaba todo con el sexo, lo que fue un error, comprensible por otra parte en una sociedad en la que el sexo era un tabú absoluto.
En cuanto a la voluntad de sentido de Frankl (su manera de curar a los pacientes era la logoterapia, o terapia del sentido) intuyo que tiene más razón de la que por el momento llego a comprender, pero de momento me parece una idea demasiado elevada de la condición humana.
Sin embargo, quiero hacer hincapié en la segunda escuela, la de Alfred Adler. Parece que pone las cosas en su justo término, saliendo de la mera búsqueda del placer pero sin llegar a una compleja búsqueda de sentido. El hombre está allí, a mitad de camino entre lo más primitivo y lo más elevado.
La voluntad de poder comprende la voluntad de dominar y someter, pero también el estar orgulloso de ser autónomo, de ser capaz de hacer cosas, de ayudar a los demás... Es el niño de 2 años que le dice con los ojos brillando a su padre: "Mira, papá lo que hago". Queremos poder (sin el sentido peyorativo que normalmente tiene esta palabra). Alguien decía también que lo contrario de la depresión no es la alegría, sino la potencia. Estoy totalmente de acuerdo.
Volviendo a ese "colesterol" que se va formando en nuestras neuronas, diré que a mí me gusta leer libros en los que sabios, filósofos o psiquiatras aconsejan a los hombres sobre cómo vivir bien (no la buena vida, sí la vida buena, ética y feliz). Pues hay en todos ellos una norma que se cumple con exactitud: todos son optimistas en cuanto a la posibilidad del hombre por cambiar y mejorar. Sin embargo, hacen una excepción que suele ocupar no más de dos o tres líneas: el que no tenga un mínimo de esperanza, que cierre el chiringuito.
Todos reconocen que el hombre debe contar con un poso de esperanza. Como ejemplo cito las palabras del Papa en su última encíclica: “es necesario tener esperanzas -más grandes o más pequeñas-, que día a día nos mantengan en camino»
El mito de La caja de Pandora es ilustrativo: Pandora fue una mujer creada por encargo de Zeus. Además de otros muchos dones, Zeus dio a Pandora un cofre, advirtiéndole de que no lo abriera, pues todo lo que puede causar mal y sufrimiento al hombre se dispersaría por la tierra.
Cuando bajó Pandora a la tierra, se casó con el rey Epimeteo, hermano de Prometeo.
A Pandora pronto le pudo la curiosidad, y en contra de las indicaciones de Zeus, abrió la caja. Por ella salió un humo negro y varios fantasmas. Pandora vio todas las enfermedades, todos los dolores, todas las fealdades y todos los vicios, que se esparcían por el mundo para desgracia de los hombres. Pandora trataba en vano de cerrar la caja, pero no lo lograba.
Cuando todos estos males hubieron salido, Pandora miró en el interior de la caja, y vio que aún quedaba un gracioso pajarillo. Era la esperanza. De ese modo, la esperanza siempre viviría en el fondo del corazón de los hombres, aunque tuvieran que soportar desgracias.
Adquiere así un sentido más allá del tópico aquello de que la esperanza es lo último que se pierde. Es, realmente, lo último que se pierde.

martes, 15 de enero de 2008

Y SERÉIS COMO DIOSES

“Por primera vez, Dios tiene un competidor”, exclamó Pat Mooney, un canadiense crítico con la biotecnología, al conocer los planes de Venter. Craig Venter es uno de los mejores biólogos moleculares del mundo, descifró el genoma humano y ahora está embarcado en un proyecto que pone los pelos de punta: crear vida artificial en los laboratorios. Es el llamado Proyecto Génesis.
El origen de la vida sigue siendo un misterio, un reto, un milagro, incluso para la moderna ciencia del siglo XXI.
Se sabe que la vida apareció en la tierra hace unos 3.500 millones de años (o sea, 1.000 millones de años después de la formación de nuestro planeta).
La vida apareció probablemente debajo de la superficie terrestre y bajo los océanos. Las formas de vida actual más antiguas son microbios que viven a kilómetros de profundidad, auténticos fósiles vivientes (llamados extremófilos, por vivir donde ningún otro ser puede vivir). La biomasa de los extremófilos es mayor que la constituida por la vida en la superficie terrestre y los océanos.
Los científicos aseguran que, aunque antes se pensaba que la vida consistía en mezclar unos compuestos químicos, realmente no es así: no importa la combinación química, sino la organización de dichos productos químicos (lo importante no es el hardware, sino el software). ¿Es este software producto del azar? Parece improbable, y es aquí donde se vislumbra la posible existencia de una inteligencia superior, llamémosla Dios. De hecho, las probabilidades que los científicos asignan a que dicho software sea producto del azar son las mismas que tendríamos de que nos tocara la lotería todos los días durante millones de años. ¡Qué tiempos tan extraños éstos, en los que el comportamiento de la jerarquía eclesial desincentiva la fe, y sin embargo la ciencia puede fortalecer esa fe! Yo doy testimonio de que así ha ocurrido en mi caso, pero esto es tema para otro artículo.
Actualmente se está trabajando en dos direcciones: una, la de crear vida artificial en los laboratorios, y la otra, buscar otros tipos de vida, ya sea en otros planetas ya ¡en nuestro propio planeta! Se piensa que pueden existir aquí formas de vida que se nos hubieran pasado por alto (yo esto no lo entiendo muy bien, la verdad, pues piensan incluso en formas de vida que pudieran carecer de ADN).
Venter afirma que “estamos aprendiendo el lenguaje con el que Dios creó la vida” y que por lo tanto, aunque por ahora la vida auténtica se les resiste, “puede ser cosa de un par de semanas o de unos meses”.
No obstante, ya en 1953 el norteamericano Stanley Miller (en la foto) pronunció idénticas palabras. Miller probó la teoría de su maestro Harold Urey según la cual los orígenes de la vida podrían haber sido disparado por un tipo de energía, como el efecto de los rayos en la atmósfera. Preparó dos globos de vidrio, el primero con aquellos gases que se creía componían la atmósfera de la tierra en sus primeros instantes. El segundo recogía los gases que resultarían tras aplicar al primer globo una corriente de 60.000 voltios. Realizado el experimento, se descubrió que en el segundo globo había... ¡moléculas y aminoácidos orgánicos, componentes fundamentales de la proteína, que se unen, nada menos, que para formar el ADN!
Miller se apresuró a decir lo que hoy dice Venter: “en poco tiempo lograré fabricar proteínas en el laboratorio, primero, y células vivas, después”. Miller vivió unos 50 años más, pero no avanzó ni un milímetro en sus pretensiones.
De hecho, hoy por hoy no sabemos cuál es el origen de la vida. No sabemos si se originó en Marte o en la tierra. Algunos científicos piensan que fue Marte la cuna de la vida, pues durante millones de años las condiciones que este planeta reunía eran mejores que las que presentaba la tierra.
Según esta teoría, la vida habría llegado a nuestro planeta azul gracias a los meteoritos que, provenientes de Marte, llegaron a la tierra. Los microorganismos viajaban congelados en el interior de dichos meteoritos. Al llegar a la tierra, la colonizaron.
Esta teoría viene avalada por algunos descubrimientos científicos, que han detectado en meteoritos marcianos (aún hoy llega a la tierra un meteorito marciano al mes) la presencia de agua extraterrestre, 90 aminoácidos (muchos de los cuales no existen en la tierra) e incluso bacterias fosilizadas.
Las palabras de Venter han podido ser algo precipitadas, y amparadas por medios de comunicación que buscan el sensacionalismo. Otros científicos piensan que jamás crearemos vida auténtica en el laboratorio. En caso de que lo lograra, la nueva vida tendría una cita segura con la gala de entrega de los Nobel, y aún esto sería poco para reconocer un hito de esta envergadura. No obstante, personalmente por una parte me encantaría asistir a un hecho científico histórico pero, por otra parte, parece que hay misterios que es mejor que se mantengan como tales.

miércoles, 9 de enero de 2008

EL MILAGRO FINLANDÉS

Acabo de leer un reportaje en “El Semanal” sobre la educación en Finlandia.
El autor trata de dar respuesta a un hecho llamativo: en Finlandia el adolescente acaba los estudios con unas notas excelentes, hablando un inglés perfecto y con hábito de lectura (1 libro por semana). En España...casi que no.
Para mejorar nuestro maltrecho sistema educativo deberíamos tratar de copiar a los países mejor colocados en el ranking educativo. En concreto, Finlandia es la máxima potencia mundial en educación.
Es cierto que resulta difícil comparar a España con Finlandia, puesto que factores como la orografía o el clima son completamente diferentes. A veces las diferencias son tan abismales que parece que seamos de otro planeta. Vamos a ver primero las características generales del país nórdico.
Acerca del clima, el invierno es la estación más larga. En el norte (Laponia), el sol brilla durante 73 días seguidos en verano y se oculta durante 51 días en invierno.
En cuanto a la orografía, el país tiene unos 190.000 y aproximadamente 180.000 islas.
La estructura económica es totalmente diferente a la española. Finlandia tiene una economía altamente industrializada, con máximo desarrollo tecnológico. Estado de bienestar, igualdad social e igualdad de oportunidades son tres pilares básicos de su sociedad.
A causa del clima y la orografía, los finlandeses viven en una sociedad muy cerrada. El finlandés medio es responsable y serio, tímido, cortés y reservado. La sociedad tiene una cultura del esfuerzo y de la honradez. Es el país del mundo con menos corrupción. Obviamente no sufren acoso escolar.
Todos estos factores de tipo estructural se alían para influir de manera determinante y positiva en la educación. No es posible que copiemos el clima o la estructura económica finesa, pero sí podemos copiar otros factores más coyunturales. Éstos son algunos que podríamos importar:
· Más intervencionismo para construir un Estado de bienestar fuerte (subir los impuestos a las clases más adineradas) y realizar reformas estructurales (por ejemplo, hacer el mercado de trabajo más flexible). Los impuestos en Finlandia son elevados, impensables en España.
· Invertir sin mesura en educación, tecnología e investigación (incluso aunque haya que apretarse el cinturón coyunturalmente en gasto social). En Finlandia los centros cuentan con todos los avances tecnológicos. Además, la ratio es de 20 alumnos por aula, y el porcentaje de centros públicos es de 97% (65% en nuestra piel de toro).
· Crear una ley educativa a largo plazo, consensuada entre todos los grupos políticos.
· Trabajar la educación en valores, pero con consenso de las fuerzas políticas mayoritarias. Además de ir aparejado con el carácter finlandés, en los colegios del país nórdico se trabajan los buenos modales y el respeto, haciendo mucho hincapié en ellos.
· Centrarnos en ciertas materias clave. Los finlandeses se centran en matemáticas, lengua y lenguas extranjeras (especialmente en las dos últimas). Para las lenguas extranjeras tienen una ventaja, y es que las series y las películas se emiten en su lengua original, sin doblar, subtituladas al finlandés. ¿Por qué no hacer lo propio aquí? Eso de doblar las películas es una peculiaridad española que no se da en el resto de Europa.
· Copiar algunos aspectos pedagógicos finlandeses: clases participativas, duración de las clases de 45 minutos, descansos frecuentes, trabajar el pensamiento crítico (debate, expresión oral...etc.) antes que la memorización, clases extra para los rezagados...etc.
· Concienciar a padres y profesores, para que, con la Administración, vayan todos a una. El 75% del currículo es común para toda Finlandia, y el 25% restante lo fija cada centro con el acuerdo de todos los agentes implicados. El 50% de los padres se consideran los primeros responsables de la educación de sus hijos (en España el 15%).
· Dar prestigio, formación, buenos sueldos y autoridad a los profesores. Es éste el factor señalado por los expertos como clave. En Finlandia los profesores son la élite de la sociedad. Para aspirar a profesor se deben tener las mejores notas. Se tiene en cuenta el conocimiento técnico y el pedagógico (en España prácticamente sólo el técnico).
Como contrapartida, incluso un sistema educativo tan sólido como el finlandés tiene también problemas.
Los alumnos están sometidos a mucha presión. A los adolescentes no les gusta el colegio, lo ven como un trabajo. Muchos alumnos se quejan de que tienen muchos deberes.
Fruto de esta presión son el abuso de alcohol, depresiones y suicidios. No olvidemos no obstante que estamos en uno de los países con menos luz natural del mundo, factor muy negativo para la salud mental.
En definitiva, lo que propongo es que los españoles tengamos el coraje para cambiar la situación actual, tocando todas las teclas necesarias, que son muchas, para salvar la debacle de nuestro sistema educativo actual.

jueves, 3 de enero de 2008

EL QUE ESPERA...¿DESESPERA? (II)

¿Cuál es la esperanza que promete a sus fieles la Iglesia Católica? ¿Cuál es la “ventaja” de ser católico romano?
En primer lugar, señalo que voy a exponer lo que es la doctrina oficial de la Iglesia Católica respecto al tema (expresada por Benedicto XVI en la encíclica de reciente aparición “Spe Salvi”, que significa “Salvados por la esperanza”), y por lo tanto la esperanza que debería tener cada uno de los 1.100 millones de almas cristianas que pueblan la tierra. Sin embargo, creo que esta posición teórica dista mucho de la realidad práctica. Me explico: yo, en mi día a día, no veo en mi entorno una correlación clara entre ser católico y ser una persona con más esperanza, así como tampoco veo mayor correlación entre ser cristiano y ser buena persona que entre no ser cristiano y ser buena persona. Se me puede decir que el cristiano está en camino de perfección, siguiendo el ejemplo de los santos (personas que se han destacado en mostrar los valores cristianos y humanos en general). No pongo defensa contra esta objeción, la acepto, pero reafirmo igualmente la apreciación subjetiva (mía personal) que la antecede.
De aquí en adelante los extractos entre comillas están sacados literalmente de la encíclica.
Dicho todo lo anterior, paso a describir la esperanza cristiana. La esperanza / certeza cristiana se cifra en algo muy claro: el reino de Dios. En este reino, el pecado (mal que se hace el hombre a si mismo o que hace a los demás hombres, provocando ruptura y división) y la limitación y finitud humanas (enfermedades, dolor, muerte...etc.) han desaparecido. Sin todas estas rémoras terrenales el hombre ya no sufre más, se encuentra en unión íntima y eterna con la Totalidad.
¿Y cómo puedo yo tener esa esperanza cristiana tan positiva? Es la fe en Dios y en Cristo la que la otorga, siendo la acción, el sufrimiento y la oración elementos para ejercitarla y acrecentarla. En cuanto al sufrimiento, Benedicto XVI habla de darle un sentido, pues Dios, aunque “no puede padecer, puede compadecer”.
¿Qué podemos esperar tras la muerte? El Juicio Final, como momento de esperanza en la Salvación a la vez que motivo de temor de Dios: los que hayan destacado por su bondad, irán directamente junto a Dios. El grueso de fieles pasarán por un estadio intermedio, el Purgatorio, donde el fuego del Amor de Cristo los purificará. Por fin, aquéllos que hayan destacado por su maldad (“olvido del otro y de la incapacidad de amar”) irán al infierno, o sea, que serán destruidos.
Éste es un punto de vista muy optimista, si consideramos que para el ateo todos iremos al infierno, pues volveremos a la nada.
Hasta aquí, lo que la encíclica dice. Ahora, haré algunas reflexiones sobre ella. El problema que tiene la adhesión a la Iglesia Católica es que no hay posibilidad de enmiendas parciales, o sea, que hay que aceptar toda la doctrina de una pieza o ya no vale. Y sin embargo, siempre habrá puntos que permanezcan más oscuros (por ejemplo, la historicidad de los milagros atribuidos a Jesús o la virginidad de María). En esta encíclica, pienso que los puntos acerca de los que se puede objetar son los siguientes:
· Lo que expone el Papa acerca de lo que ocurrirá en el Juicio Final son meras especulaciones, sin ninguna base bien fundada.
· Ciñe la felicidad, la redención del hombre, al reconocimiento de la Verdad cristiana. La vida eterna se logra únicamente conociendo al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo. ¿No es este punto de vista darle demasiada importancia a nuestra religión y quitar peso a las demás? ¿Y qué pasa con la vida de ultratumba de los agnósticos y ateos que han obrado bien?
· El Papa alemán afirma que al imperio de la ciencia, la razón y la libertad le falta algo. Estoy de acuerdo con él, pero disiento cuando señala que la fe cristiana es lo que falta para que el progreso humano no tenga un final catastrófico. Yo no estoy de acuerdo con él, y pienso que más que esta fe cristiana se ha de dar un sistema ético universalmente válido (que tomará muchos elementos del cristianismo, pero irá más allá de él) aplicable a cristianos, judíos, musulmanes, agnósticos...etc.
Por el contrario veo como grandes aciertos de la encíclica:
· La Humanidad como comunidad. La salvación es comunitaria, no personal. Todos dependemos de todos. El amor se manifiesta en la responsabilidad por el otro, en jugarse el pellejo por el otro saliendo de la comodidad.
· En el punto 43, el Papa señala cuáles son para él los argumentos a favor de la fe en la vida eterna. Da especial importancia a la reparación de la injusticia terrenal: ¿pueden quedar las injusticias cometidas en la tierra impunes? Se lo anoto como acierto porque el hombre ha evolucionado tanto que aspira a una justicia que en efecto no se da en esta tierra, tenemos un sentido muy elevado de justicia.
· Llamada a la responsabilidad cristiana, y a preocuparse por el otro. Ratzinger indica que la conciencia del Juicio Final es una llamada a la responsabilidad, pues “No reconocer la culpa, la ilusión de inocencia, no me justifica ni me salva, porque la ofuscación de la conciencia, la incapacidad de reconocer en mí el mal en cuanto tal, es culpa mía.” (Punto 33).
· Antepone a las leyes de la materia y de la evolución “la razón, la voluntad, el amor: una Persona”. Sin pronunciarme sobre la verdad o falsedad de esta sentencia, creo que a todos nos gustaría que fuese cierto, porque entonces ya no somos esclavos de un determinismo materialista, sino que somos libres.
Y para terminar, una frase bonita y que nos puede reconfortar: “Todavía puedo esperar, aunque aparentemente ya no tenga nada más que esperar” (Punto 35). Chapó aquí, Ratzinger.