domingo, 29 de junio de 2008

LOS HOMBRES SON DE MARTE, LAS MUJERES DE VENUS

Hombres y mujeres son distintos. ¿Por naturaleza o por cultura?
La presente entrada tiene por fin, (además de exponer la respuesta de la ciencia a dicha pregunta) denunciar una más de las muchas manipulaciones a la que se nos intenta someter actualmente. Se verá la diferencia entre lo políticamente correcto - lo que algunos interesados nos quieren vender - y la verdad con mayúsculas. Y por último, quedará de manifiesto nuestra ignorancia supina en algunos temas de lo más básico. Digo “nuestra” porque de la casi totalidad de lo que voy a escribir me enteré ayer, viendo un vídeo del genio Punset, emitido en el programa Redes (vídeo íntegro aquí).
La ideología dominante actualmente en cuanto a la diferenciación sexual humana (dominante en la política y la sociedad, no en el campo científico) es la llamada ideología de género. Esta teoría viene a decir más o menos que el recién nacido es una tabla rasa en el aspecto sexual, y que es exclusivamente la sociedad, mediante la educación, la que irá dotando de contenido la identidad sexual de la persona.
Muy a mi pesar, he de reconocer que la ideología de género se encuentra entre los contenidos obligatorios de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Es exactamente igual que si en la asignatura de Conocimiento del Medio sustituyéramos el contenido de la teoría de la evolución de Darwin por el del creacionismo (desfasada y que niega a Darwin).
Resulta que en el mundo científico esta ideología de género está totalmente descartada. Helena Cronin, especializada en darwinismo y evolución humana, señalaba en el citado vídeo del programa Redes, las cuatro diferencias entre hombres y mujeres que vienen ya “de fábrica”:
En primer lugar, las aptitudes. A modo de ejemplo, los niños son mejores en matemáticas o geometría, mientras que las niñas son mejores en lenguas y comunicación verbal.
En segundo lugar, los gustos. A los niños les gustan más las cosas, a las niñas las personas, por lo que éstas prefieren trabajos de enseñanza o cuidado de personas.
En tercer lugar, el temperamento. El hombre asume más riesgos y es más competitivo, mientras que la mujer es más empática.
En cuarto lugar, el más sorprendente de todos, los polos o colas de distribución. Entre los hombres, hay más diferencias dentro del grupo: hay hombres que destacan mucho por sus aptitudes y otros que destacan mucho por su falta de las mismas. Entre las mujeres, sin embargo, las diferencias no son tan llamativas. La conclusión es que los hombres copan los premios Nobel o los puestos directivos de las empresas, pero también los puestos más bajos del escalafón socio-económico.
Que las diferencias de género son innatas y no culturales ha podido comprobarse en experimentos con niños y niñas de 18 meses. Se les presentan diversos juguetes y se les pide que elijan entre ellos. Los niños eligen unos y las niñas otros diferentes. En tan solo 18 meses se considera que el adoctrinamiento social aún no puede haber dado lugar a esta situación.
Ésta es pues la situación: el Ministerio de Educación impone en su currículo un contenido que la ciencia rechaza totalmente. Como siempre, a los políticos lo que dicen los científicos les da igual, les importa más mantener el voto fiel para las próximas elecciones entre los grupos que les apoyan.

lunes, 23 de junio de 2008

FELICIDAD: MODUS OPERANDI

En el libro de Arthur Schopenhauer “El arte de ser feliz” el autor nos presenta una serie de reglas con objeto de que, aunque no podamos llegar a la felicidad absoluta, imposible para él , sí podamos llegar al menos a la felicidad relativa, es decir, a sufrir lo menos posible (él era pesimista radical, como se puede deducir de su retrato).
En realidad, muchas de estas reglas más que consejos para ser feliz, indican aspectos de la felicidad sobre los que uno poco puede hacer, y en muchos casos se llama más a la resignación y a eliminar los deseos y el placer que a otra cosa.
La regla número 45 (50 contiene el libro) es una descripción magistral acerca de cómo funciona la felicidad. El autor se remonta a dos palabras griegas mentadas ya por el mismísimo Platón (supongo que se podrán escribir en el ordenador, pero yo no sé por estar en alfabeto griego, es una lástima). Parece increíble que ya Platón hiciera estas observaciones sobre la felicidad. La primera de las dos palabras podría ser sinónima de capacidad para soportar el sufrimiento, sumada a un ánimo alto. La segunda sería lo contrario: debilidad para soportar los embates de la vida y ánimo bajo.
Podríamos llamar “talante” a esa cualidad psicológica definida por esas dos palabras griegas (buen talante y mal talante). Este talante tiene por una parte origen genético (nos viene dada por la naturaleza), y por otra un origen ambiental (depende de las experiencias que vivimos). El talante podría definirse como la capacidad que tenemos para sufrir sumada al ánimo que tenemos de cara a la vida en general.
Así, tenemos dos extremos en esta escala del talante: la persona fuerte y la persona débil. Entre ambos extremos hay una escala con infinidad de matices, casi tantos como personas pueblan la tierra.
Nuestra felicidad va a depender en un grado mucho más importante del que habitualmente pensamos de este factor psicológico, que nada tiene que ver con los acontecimientos exteriores.
La diferencia entre una persona mentalmente fuerte y otra débil está en cómo interpreta los acontecimientos que le llegan del exterior. Así, aunque las circunstancias fueran exactamente iguales para la persona A y la persona B, la primera podría ser totalmente desgraciada por esa cualidad psicológica mientras que la segunda podría verlo como un simple inconveniente, o ni siquiera eso.
Aquí Schopenhauer habla del suicidio, que le sirve para expresar gráficamente lo que quiere decir.
Para una persona con un talante en el nivel inferior de la escala (poca capacidad de sufrir y poco ánimo) el menor contratiempo será motivo incluso de suicidio. Schopenhauer llega a decir, a mi juicio con gran acierto, que hay personas tan mal situadas en la escala, que no hace falta ni siquiera ningún accidente proveniente del mundo exterior para que lleguen a pensar en el suicidio: son tan débiles mentalmente que el mero hecho de vivir les angustia de manera insoportable, son incapaces de vivir. Por el contrario, hay personas con gran resiliencia, es decir que aguantan las desgracias más terribles de la vida, incluso extremas, con serenidad, sin poner en duda su voluntad de seguir viviendo.
Señala pese a ello el autor que todos tenemos nuestro límite, aquel punto en el que las ganas de vivir son derrotadas por las ganas de morir, pero sabiendo siempre que lo que para uno puede ser anecdótico para otro puede ser insoportable.
Una vez diagnosticada la situación, ¿qué podemos hacer? Una vez dado el talante x a la persona A, ¿éste puede modificarse? Ésa es una discusión que aún no está cerrada.
En mi opinión, esta teoría es un modo modernísimo de explicar cómo funcionamos de verdad. Una teoría que aun expuesta con gran acierto en el siglo XIX (y origen en Platón), aún hoy no parece haber calado del todo en las opiniones del hombre contemporáneo.

jueves, 5 de junio de 2008

MÁS ALLÁ DE LA TIERRA

Últimamente he leído varias noticias relacionadas con la posible existencia de vida extraterrestre. Además, dichas noticias provienen de fuentes tan dispares como la NASA y el Vaticano.
Muy recientemente, la NASA ha enviado una sonda a Marte, la sonda Phoenix, con la intención de detectar la existencia de elementos orgánicos en el planeta rojo. Se busca vida microscópica, la imagen que todos imaginábamos de niños de un marciano con antenas queda ya muy lejos.
De momento dos sondas han recogido silicio, una de ellas (ver noticia) y un material que parece hielo o sal, la otra (ver noticia). En el interior de estos materiales podrían hallarse los restos orgánicos, pero habrá que esperar para saber si es así, pues las sondas que los han recogido carecen de instrumentos para comprobar su existencia. Supongo que pronto lo sabremos.
Por otra parte, hace unas cuantas semanas, era el propio Vaticano (que tienen hasta Observatorio Astronómico, los tíos) el que decía que no excluía la presencia de vida extraterrestre (ver noticia).
El irónico Buenafuente bromeó diciendo que cómo iban a descartar la existencia de extraterrestres, si no descartan la existencia de un ser invisible que creó el mundo en seis días. Buen puntazo del genial humorista, realizado además con limpieza, sin ningún ánimo de ofender.
En este caso el director de dicho Observatorio, el jesuita José Gabriel Funes, no se refiere a simple vida microscópica, sino a seres de una sofisticación similar a la nuestra, igualmente inteligentes, creados por Dios, y por tanto, ubicados bastante más lejos del planeta Marte.
Esta noticia me llamó mucho la atención, por el hecho de que el Vaticano, siempre tan prudente, se metiera de lleno en un tema tan espinoso.
De hecho, el jesuita fue interrogado acerca de si esos seres estaban o no libres del pecado original. Respondió que podía ser tanto que sí como que no. Pienso que aquí resbaló un poco, porque la inteligencia va unida inexorablemente al pecado original. Por ello, no pueden ser seres sin pecado original y a la vez inteligentes, porque el pecado original es una metáfora de que eres inteligente, con los males y el castigo (además de ventajas) que ello conlleva.
El pecado original no es más que un mito que explica cómo el ser humano emerge de la naturaleza, donde los animales se rigen por los instintos únicamente, y se convierte en consciente, por medio de la inteligencia. La inteligencia conlleva ventajas, pero también los inconvenientes de ser consciente de uno mismo (consciente del dolor, del futuro incierto, del esfuerzo del trabajo, etc). A eso creo yo que se refiere el comer del árbol del conocimiento.
El caso es que éstas son especulaciones muy complejas, mientras que la existencia de vida microbiana extraterrestre ahora o en el pasado es una hipótesis que parece va a acabar confirmándose, pues muchos datos apuntan hacia ello.
¿Existirá vida fuera de nuestras fronteras terráqueas? A mí me gustaría que encontraran vida microbiana, sería muy interesante. Y, como dice el Vaticano, ojalá se encontrara un día una forma de vida inteligente (aunque tenga que ser con el pecado original), aunque esto no está nada claro. Ése sería el descubrimiento más importante de la Historia de la Humanidad.
PD: dando los últimos retoques a la entrada veo que algunos no consideran tan difícil la existencia de vida extraterrestre inteligente: un experto en el tema no tiene dudas de que existen, sólo en la Vía Láctea, unas 10.000 civilizaciones (¡No está mal!). Esta última noticia, aquí. Además, contactaremos, siempre según este experto, con alguna de ellas en 100 años como máximo.