lunes, 8 de junio de 2009

IVÁN ILICH, SALVADO POR LA CAMPANA

La muerte de Iván Ilich es el título de un conmovedor relato del escritor ruso León Tolstoi.
Yo no soy muy de historietas, pero aprovechando la brevedad de ésta, y porque había oído hablar de ella, me puse a leerla. Raras veces un texto me ha conmovido tanto como el que aquí nos ocupa. Y pese a la tristeza que logra transmitir el autor, anticipo que la historia tiene un final feliz.
Iván Ilich acaba de morir, y el primer pensamiento que pasa por la cabeza de sus “amigos” es hacer cábalas para ver cómo va a correr el escalafón profesional, y pensar cómo sacar la mayor tajada posible de ello.
Por otra parte, deberán cumplir con el desagradable trámite de acudir al funeral de su “amigo”, si bien ello no supondrá la suspensión de su habitual partida de naipes.
La esposa del difunto no les va a la zaga, pues su principal preocupación es la pensión que le va a quedar tras la muerte de su marido.
Iván Ilich ha sido un individuo modélico, que ha vivido placenteramente y ha cumplido las obligaciones de su vida decorosamente… o al menos, así lo cree él.
Ilich estudió Leyes en la Universidad, tras lo cual emprende una exitosa carrera judicial. Se casa con una mujer que es buen partido para él, porque le atrae y porque su unión está muy bien considerada entre su círculo de amistades. A Iván le gusta rodearse de las altas clases sociales, siendo una persona liberal.
La vida agradable de Iván hace que los problemas de los demás sean una molestia para él, molestia que no comprende y mucho menos está dispuesto a soportar. Toma una distancia prudencial con estas personas. Así, cuando su mujer está embarazada de su primer hijo, y requiere constantemente la presencia de su marido, éste, que no comprende lo que pasa, descubre las molestias del matrimonio, y trata de pasar fuera de casa el mayor tiempo posible, con el fin de evitar la compañía de su mujer.
Finalmente, el protagonista va a ser pagado con su misma moneda. Cuando es él quien padece el castigo de la enfermedad, se da cuenta de que a él tampoco parece comprenderle nadie, y de que se halla en una soledad terrorífica. Sólo su criado y su hijo, a quien hasta entonces Iván había despreciado, se apiadan de su sufrimiento.
En su lecho de muerte, acaba siendo consciente de la verdad: su vida ha sido una farsa, un fracaso, un absurdo. El cumplimiento de las normas y convenciones de la alta sociedad y el qué dirán le han encorsetado, y han imposibilitado el desarrollo de una vida auténtica.
Iván Ilich, que no ha conocido la compasión en su vida, se redime de esa vida de vacuidad tan solo quince minutos antes de su muerte, salvado por la campana, al sentir compasión por su esposa y por su hijo. Es entonces cuando consigue dar sentido a su vida, y pese a morir entre terribles dolores físicos, su mayor dolor, el espiritual, no le atormenta ya.

18 comentarios:

yeni dijo...

de estas vidas hay mucha...
es cierto que casi nadie se apiada de nadie,pero la vida te hace aprender, a todos nos llega la hora de la verdad....
un abrazo

Sofía dijo...

No lo he leído, pero por lo que nos cuentas, al menos al final se hizo la luz, dicen que más vale tarde que nunca, aunque hubiese estado bien que se hubiese dado cuenta de todo eso antes.

Un beso.

John C. dijo...

Suscribo lo que dijo Yeni.Iba a decir exactamente lo mismo.

Me compraria el libro pero....ahora no estoy para esas cosas.

Gata Negra dijo...

Que bien resumes el libro Josemi, bah, digo yo, porque no lo he leído. Y segun nos cuentas, tiene buena pinta, sobre todo la lección que se saca de él.

Un beso :)

Soñadora dijo...

Josemi, que fuerte y real la vida de este señor. Vivimos en un mundo lleno de intereses y conveniencias, y muchas veces los sentimientos quedan de lado. Por lo menos tuvo unos minutos para darse cuenta, lástima que fue al final.
Besitos,

Ojoavizor dijo...

La sociedad nos impone valores contradictorios.
Por un lado, promueve el cultivo de la honestidad, la solidaridad, el respeto a los demás, etc., y al mismo tiempo, practica el egoísmo, la competencia cruel y despiadada, la corrupción,etc.
Esta permanente contradicción o incoherencia no es nueva. Ya el gran Tolstoi lo grafica bien con el personaje de Ivan Ilich.

En realidad, todos tenemos un Ivan Ilich dentro de nosotros. Tarde o temprano caemos en la vorágine de esa contradicción, y de la misma manera salimos de ella, cuando comprendemos, con algunas canas ya en nuestra cabeza, que la vida auténtica, es vivir en amor, aquella única e irremplazable energía que garantiza el ejercicio de nuestra propia humanidad.

Gracias por tu excelente post.

Ojoavizor

Clara dijo...

Me gustan los finales felices,tambien los principios y los intermedios,pero sobre todo tu manera de contarlo.

Sofía dijo...

Te invito a un juego, sólo si te apetece, claro http://sofiasolo.blogspot.com/2009/06/juego-del-libro.html

José dijo...

Hola yeni.
Casi nadie se apiada de nadie, es cierto, lamentablemente. Requiere un ejercicio de disciplina el recordar que los demás también están ahí y necesitan de nuestra comprensión y ayuda. Una disciplina que igual no practicamos con la suficiente asiduidad.
Besos!

José dijo...

Hola Sofía.
Sí, o por lo menos que no hubiera sido una enfermedad mortal y hubiera tenido la posibilidad de poner en práctica lo que había aprendido. ¿Habría sido para él un cambio radical o se le habría olvidado su nuevo aprendizaje enseguida?
Besos.

José dijo...

Hola John, no hace falta que te lo compres, es muy cortito, yo me lo descargué. Te diría la página, pero la verdad es que no la localizo. Bueno, si te interesa seguro que localizas alguna página, yo lo conseguí conque calcula. La verdad es que el relato merece la pena.
Saludos.

José dijo...

Hola Gata.
Muchas gracias. El relato merece la pena, a mí me llegó, y para que un libro me llegue a mí ya puede ser bueno de verdad. Te lo recomiendo, y te lo puedes descargar de Internet, conque gratis además.
Un beso.

José dijo...

Hola Soñadora.
Efectivamente, es una realidad atemporal, ¡qué rápido hemos avanzado en tecnología y qué despacio en sentimientos y emociones!
Supuestamente la educación emocional debería encargarse de llenar este vacío secular de los currículos académicos.
Un beso!

José dijo...

Muchas gracias a ti por tu comentario, Ojoavizor.
Tienes toda la razón: la vida auténtica es vivir en amor.
Me acuerdo ahora de algo que dijiste en otra ocasión (creo que fuiste tú), y que era más o menos así: toda terapia que pueda hacerse tiene al final el fundamento en el amor. Sabias tus palabras, como siempre.
Un abrazo.

José dijo...

Muchas gracias, Clara, al final me lo voy a creer y todo ;)
Y sí, aunque en buena parte del libro se transmite mucha tristeza, el final es feliz.
Besos!

Gata Negra dijo...

Si, lo pienso buscar pero lo prefiero en libro para mi colección. Me encantan las estanterías llenas de libros.

Un besazo!

José dijo...

Gracias por la invitación, Sofía. Ahora mismo paso a mirar de qué se trata.
Besos!

José dijo...

Pues harás muy bien en agenciártelo para tu colección, Gata, realmente merece la pena.
Tanto me gustó que pienso que sería una lectura muy buena en las escuelas para los adolescentes.
Otro beso para ti!