lunes, 6 de abril de 2009

POSIBLES MILAGROS DE JUAN PABLO II

El pasado viernes apareció una noticia muy interesante en el periódico “Heraldo de Aragón”.
En la sección de Sociedad, el citado diario informaba de que el cardenal de Cracovia, Dziwisz, ha anunciado un suceso extraordinario que tuvo lugar hace unos pocos días en la cripta de la basílica de San Pedro del Vaticano.
Un niño acudió allí con sus padres, padeciendo un tumor de riñón que le impedía andar, y visitó y rezó en la tumba del Papa Juan Pablo II. Al salir al exterior de la basílica, el niño, que iba en silla de ruedas, manifestó a sus padres que quería caminar. Ante los sorprendidos padres, el niño se levantó de la silla y comenzó a andar.
Otro supuesto milagro se refiere a lo que le ocurrió a un joven de 26 años de Cleveland, que según una televisión estadounidense, sufrió una herida letal en la cabeza. El joven recibió un rosario de Karol Wojtyla, y enseguida comenzó a mejorar de su herida.
La noticia, aquí.
Ante estas noticias, la pregunta que surje es inmediata: ¿nos creemos estos sucesos? En caso de ser así, ¿a qué los atribuimos?
Yo personalmente, creo que estos dos hechos pueden haber ocurrido realmente. En especial, el primero, ya que tiene el aval de un cardenal. En cuanto a si son milagros o no lo son, pienso humildemente que casos como éstos pueden ser buenos ejemplos de la confluencia entre ciencia y religión. Cuando la ciencia llegue a la cima de la montaña, verá que Dios estaba ya en la cumbre antes de que ella llegara, piensan muchos.
La ciencia está descubriendo que la mente tiene un poder mucho más eficaz para transformarse y transformar la realidad del que hasta hace bien pocos años se pensaba. Estos supuestos milagros que aquí comento se podrían deber a esa sensacional capacidad de transformación que posee la mente. Sin embargo, esto no implica que se circunscriban al ámbito científico negándose la dimensión espiritual.
De hecho, en el evangelio de Mateo 9, 18-26 se cuenta la curación de una mujer enferma de flujo de sangre. Cuando la mujer toca el vestido de Jesús, éste le dice la famosa frase de “Hija, tu fe te ha salvado”. Esta expresión es muy llamativa, porque el mismo Jesucristo afirma que no ha sido él, al menos exclusivamente él, quien ha salvado a la mujer, sino que ha sido la propia fe que la mujer tiene la que ha obrado al menos parte del milagro.
Así pues, la máxima bíblica de que "la fe mueve montañas" no tiene por qué estar reñida con los principios científicos, que avalan el inmenso poder de la mente humana.