martes, 14 de julio de 2009

ALGO EN QUE CREER

Esta especie de “Credo” personal (con una reflexión inicial) que expongo a continuación es provisional, posiblemente sujeto a cambios en el futuro. No obstante, es válido a día de hoy:

MI CREDO
El hierro que corre por mis venas, y que es en definitiva parte de lo que yo soy, era hace millones de años parte constituyente de una estrella. ¿Dónde estará ese mismo hierro, “mi” hierro, dentro de otros tantos millones de años?
Así como la energía ni se crea ni se destruye, nuestra esencia más íntima tampoco debe hacerlo, sino que por el contrario debe transformarse a lo largo de un proceso cuya complejidad nadie conoce.
Creo que no es descabellado pensar que tengo alma.
Creo que ese alma es el reflejo en mi persona individual de un Todo mucho mayor. Ese Todo es incognoscible para nosotros, del mismo modo que una ardilla no puede ser consciente de la inmensidad del bosque del que forma parte.
Creo que ese Todo se manifiesta en mí, por ejemplo, a través de mi conciencia moral, guía de acción. Pero sin embargo, ese Todo en mí manifestado no me concierne sólo a mí, no es constitutivo de un yo enfrentado a un tú o a un vosotros.
Por el contrario, creo que “todos somos Uno”. De ahí la necesidad de salir de nuestro aislamiento mediante la compasión. Todos los seres sensibles (de forma muy especial la especie elegida, el hombre) estamos interrelacionados de una manera que no podemos comprender. Lo que yo hago, lo que digo, pienso y siento no es baladí; al contario, es muy importante y de algún modo repercute sobre el Todo.
Creo que el modo en que conduzco mi vida tiene una repercusión fenomenal sobre mi prójimo, y que por ello, tengo una responsabilidad social para con mis semejantes, para con mis hermanos. Todos tenemos una enorme responsabilidad recíproca.
Creo que esta solidaridad humana puede quebrarse, pero el trabajo que en esta vida terrenal hacemos con nuestra alma es sólo una parte del trabajo. Éste continúa en el más allá, pues la presente vida debe ser sólo una breve etapa del camino. El trabajo hecho con mi alma resuena en el infinito.
Esto es lo que creo. Ya sé que es un poco batiburrillo, pero es lo que hay.

viernes, 10 de julio de 2009

LOS PATOS Y EL UNIVERSO

Esta mañana paseaba yo por el puente de Santiago de Zaragoza cuando he visto, en la orilla del Ebro, un grupo de patos que nadaba apaciblemente sobre las calmadas aguas del río (ya afirma la jota que el Ebro guarda silencio, al pasar por el Pilar).
Otras muchas veces había visto patos por las orillas, pero en esta ocasión me han llamado la atención unos patos de tamaño minúsculo que seguían a su madre. Había también en el grupo otros patos muy pequeños, recién nacidos, pero éstos no eran tan insignificantes en cuanto a tamaño como aquéllos.
He pensado que esos patos de tamaño minúsculo quizás hubieran nacido esta misma noche, y me he maravillado ante el milagro de la vida. La estampa del río meciendo a estos animales era también una oportunidad para la reflexión acerca de la belleza de la naturaleza.
Por mi parte, la reflexión ha sido que parece difícil que tanta belleza tenga un origen azaroso. He recordado entonces la frase que oí decir recientemente a un científico especializado en el Universo, en la que afirmaba que “el Universo pudo surgir, pudo originarse, espontáneamente”, sin la intervención de ninguna causa. De la nada se habría originado todo lo que actualmente existe. Pese a que todo efecto tiene una causa, si avanzáramos temporalmente hacia atrás, llegaría un punto en el que esta relación causa-efecto quebrara, y el efecto del Big Bang, la creación del Universo, no tendría causa alguna.
Pese a que entiendo las razones técnicas que explicó el científico, al ver esos patos en ese río me ha parecido imposible esa explicación tan azarosa del origen del Universo. La existencia de nuestro Universo debe tener un sentido, una explicación, aunque formemos, como los patos, una minúscula parte de un Todo que se nos presenta inescrutable.